El mercado de tierras rurales en Argentina salió de la parálisis, lo demuestra Nordheimer. Después de varios años de cautela, la combinación de mejores márgenes agrícolas, expectativas económicas más favorables y la búsqueda de activos reales de largo plazo volvió a encender el interés de productores e inversores.
El dato más contundente: en el denominado "triángulo de oro" (el área conformada por Pergamino, Salto y Rojas, en el norte bonaerense) el valor de la hectárea ya toca los US$ 20.000, con una suba de hasta 10% respecto del año pasado, cuando los precios oscilaban entre US$ 17.000 y US$ 18.000.
"Hace dos o tres años eso estaba en US$ 13.000 o 14.000, cuando las cosas estaban más complicadas. En 2011 llegaron a operar a 18.000, 19.000 y hasta 20.000, que fue el pico", repasa Federico Nordheimer, director ejecutivo de Nordheimer Campos y Estancias. Hoy ese techo histórico volvió a estar sobre la mesa.
Más demanda que oferta (y los campos se cierran sin publicarse)
La dinámica del mercado cambió. Según Nordheimer, hoy hay más compradores que vendedores: "Mucha gente quiere meterse en el sector agro o comprar campos, pero mucha oferta no está a la venta. Todo lo que está alrededor de esta zona se busca primero y a medida que hay menos disponibilidad se van alejando de la periferia".
Eso genera una particularidad: las operaciones se resuelven fuera del mercado abierto. "Cuando aparece un campo, las inmobiliarias solemos llamar a clientes que sabemos que están interesados y se logra cerrar rápido, sin publicar. Son como un cheque al portador para los clientes", describe el especialista.
Además del triángulo de oro, el radar inversor se extiende con fuerza al sur de Santa Fe y, muy especialmente, al centro-este de Córdoba. Esa franja (que incluye departamentos como Marcos Juárez, Unión y San Justo) comparte con la zona núcleo la misma lógica productiva: suelos de alta aptitud agrícola, infraestructura vial consolidada y salida logística directa hacia los puertos del Gran Rosario. Para muchos inversores cordobeses, representa hoy la puerta de entrada más accesible al negocio de la tierra: valores todavía por debajo del triángulo de oro, pero con una brecha que se viene achicando.
La rentabilidad (el otro motor)
La recuperación de precios no es el único atractivo. La rentabilidad promedio del negocio agrícola se ubica hoy entre 3% y 3,5% anual, con casos que llegan al 4%, por encima de los registros recientes. Para inversores que buscan resguardo en activos reales con flujo, ese número empieza a ser competitivo.
"Siempre son inversiones a mediano y largo plazo, manejadas por la rentabilidad del negocio y por la expectativa de cómo el país va a acompañar ese proceso", advierte Nordheimer, que también aclara que el contexto macropolítico sigue siendo una variable clave en la toma de decisiones.