Contoy, una atracción para europeos en la Riviera Maya (isla desierta y natural)

Cozumel y Mujeres son las dos islas más renombradas a la hora de hacer excursiones desde Cancún, Playa del Carmen y otros puntos de la Riviera Maya. Pero hay una tercera opción menos promocionada y con atractivos diferentes: Contoy, una isla de sólo 8 kilómetros de largo (y 700 metros de ancho) donde no hay agua dulce, luz ni nada más que una estación donde viven 5 biólogos.
Absolutamente al natural, en Contoy hay que lidiar con los mosquitos, pero recorrer sus senderos y zonas de avistajes te hace sentir un poco como en la isla de Lost.  Por día sólo pueden ingresar 150 personas que pagan un derecho de visita de US$ 5 (además de la excursión, que ronda los US$ 100).  Y como en cada vez más lugares de la zona, el uso de repelentes para mosquitos e incluso protector solar es desaconsejado (en otros puntos directamente está prohibido).
Previa parada para “snorkear” cerca del arrecife de coral, la lancha de la excursión que tomamos se convierte en una fiesta de Coronas y tequila José Cuervo entre españoles, alemanes, italianos y hasta griegos.  Es que este tip de destino naturales son los favoritos de los turistas extranjeros que huyen de opciones aglomeradas como las que ofrece Cancún e incluso de las islas “comerciales” como Cozumel y Mujeres.
Los guías, obviamente, son europeos que algún día llegaron al Caribe de visita y ya no se fueron. Cómo nos llamaban a los únicos argentinos para abordar el barco? Enterate en nota completa.

“Ah… de Córdoba -dice en un español áspero el guía- ustedes no dicen boludo, dicen culiado, ¿no?”.  A partir de reconocer nuestros orígenes, el mote no sigue toda la excursión: “Españoles, italiano, culiados… todos a bordo”.
(Nota: para los que no entendieron lo del “tercer color” del titulo superior, acá va el viejo chiste que dice que los cordobeses tienen tres colores que los distinguen: el amario patito, el verde botea y el negro culiao).

Para el Día de los Enamorados seguro regalas un Bon o Bon, pero ¿sabés cómo nació el producto estrella de Arcor?

(Por Jazmín Sanchez) Bon o Bon fue pensado como una respuesta industrial a un bombón ya consolidado en Brasil: Serenata de Amor. Inspirado en ese formato, pero adaptado a la escala, las materias primas y la lógica productiva argentina. El Bon o Bon logró multiplicar variantes, bajar costos y convertirse en un ícono regional que hoy compite de igual a igual —y a menor precio— en la góndola brasileña.