Despedidas (y bienvenidas) de solteras sin hombres (o por lo menos no de carne y hueso)

“Antes eran más solicitados los strippers pero hoy en día sólo 1 de cada 10 mujeres pregunta por ellos tanto para las despedidas de solteras como para las bienvenidas”, rompe el hielo Constanza Sienra, socia de Tras Bambalinas, empresa dedicada a organizar fiestas para novias o –la última tendencia- divorciadas.
Lo cierto es que los nuevos agasajos entre mujeres, lejos están de incluir a hombres de una manera tan explícita como con un stripper. La propuesta de Tras Bambalinas cuenta con dos opciones: una te la contábamos hace unos años en esta nota que consiste en un simulacro de boda donde la futura novia practica su camino hacia el altar con un muñeco inflable (con ambientación y firma de acta incluidos).
La otra opción es comer sobre el cuerpo esculpido del David (y nos referimos a una gigantografía con la imagen de la escultura de Miguel Ángel). “Tenemos dos imágenes: una con el cuerpo escultural de la obra de arte y otra con una más rellenita; las participantes deberán comer bocados que dejemos en las zonas erógenas de los David y tendrán una prenda, una confesión o un regalo a cambio”, describe Sienra.
“Nos costó mucho despojarnos de la idea original de la despedida de soltera descontrolada con stripper pero las clientas ya piden solas otra propuesta como la nuestra”, confiesa Constanza a lo que agrega: “es muy difícil despojar a los hombres de esta impresión que tienen de las fiestas de despedidas porque en su mente está el fantasma de estos festejos con otros hombres”.
Tal es así, que los servicios de Tras Bambalinas para despedidas de solteras ahora también se contratan para bienvenidas de solteras, cumpleaños y reuniones en general.
Precios y debate en nota completa.

Para el Día de los Enamorados seguro regalas un Bon o Bon, pero ¿sabés cómo nació el producto estrella de Arcor?

(Por Jazmín Sanchez) Bon o Bon fue pensado como una respuesta industrial a un bombón ya consolidado en Brasil: Serenata de Amor. Inspirado en ese formato, pero adaptado a la escala, las materias primas y la lógica productiva argentina. El Bon o Bon logró multiplicar variantes, bajar costos y convertirse en un ícono regional que hoy compite de igual a igual —y a menor precio— en la góndola brasileña.