En marzo los xeneizes tendrán su hotel propio (la noche en el Penthouse costará US$ 2.000)

Con una inversión de US$ 20 millones y ubicado en la calle Tacuarí, en el barrio de Monserrat, de la ciudad de Buenos Aires, en marzo del 2012 se realizará la inauguración del primer hotel oficial del Club Atlético Boca Juniors. Y aunque el fútbol es pasión de multitudes, serán pocos los afortunados que puedan darse el lujo de pasar una noche en este hotel, ya que las 85 suites -divididas en cuatro categorías-, tendrán un costo que irá desde US$ 250 hasta US$ 2.000 la noche "en el Penthouse Suite, que es el último piso entero".
Los afortunados fanáticos que visiten el hotel tendrán servicio de atención cinco estrellas como room service las 24 horas, menú de almohadas, mayordomo, vallet parking, Internet Wi-Fi, cocina de fuegos autóctonos y amenities franceses, entre otros, además se encontrarán con alfombras que imitarán el césped de La Bombonera, un mirador virtual al estadio a través de televisores LCD en calidad HD, un salón de eventos llamado “La Bombonera”, el restaurante “La Boca”, el bar “La Barra”, un Business Center equipado con la última tecnología y un Health Club y Spa Museos Temáticos.

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.