Mitos y verdades del Power Plate

Hace furor en el segmento femenino -entre los 28 y 35 años- por su eficacia a la hora de endurecer glúteos, eliminar la celulitis y modelar el cuerpo, pero también tiene sus detractores (médicos incluidos). Y nosotros quisimos salir a averiguar qué hace que el Power Plate despierte tantas controversias. ¿Existen los Power Plate originales y los truchos? “Hay que diferenciar el Power Plate, que es una plataforma de alta calidad con vibraciones en tres planos, de las plataformas oscilatorias, que son las que venden desde $ 1.600 en Falabella. Muchas personas los compran y los utilizan en sus casas sin un instructor”, explica Juan Scoppa, instructor de Musculación y Estética, el centro que cuenta desde 2008 con dos aparatos Power Plate.
Con sesiones de 30 minutos tres veces por semana, la plataforma promete mejorar tonicidad, calidad en la piel (por la activación de los masajes) y hasta disminución de dolores específicos.
¿Los mitos? “¡Muchos! Desde que las mujeres con DIU no pueden utilizarlo hasta que empeoran las dolencias preexistentes por el uso de la plataforma o que se te cae la piel (aunque no lo creas)”, dice. El costo -por 12 clases de 30 minutos cada uno- es de $ 960.

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.