Después del coworking y el coliving, llega "cocooking" (Blimp ofrece cocinas por $ 35.000 al mes)

Un servicio ideal para aquellos que siempre tuvieron el sueño del restaurante propio, o para cadenas ya establecidas que buscan nuevos puntos de venta y distribución. Blimp montará 12 espacios de cocooking: 4 en CABA, 4 en Córdoba, 2 en Rosario y 2 en Montevideo.

La presentación en sociedad será la semana próxima, pero el plan de negocios y las obras ya están muy avanzados para la apertura del primer "Blimp Cook".

Es un concepto que propone alquiler de cocinas profesionales a personas o empresas, por un mínimo de dos meses y a unos $ 35.000 por mes, más el 5% de comisiones de ventas.

En realidad, Blimp ofrece más que hornallas, mesadas o heladeras: además del hardware, también aporta el software, como sistemas de administración y control, uno de los puntos sensibles y más débiles de los establecimientos del mundo gastronómico.

El primer Blimp empezará a funcionar en junio, en Duarte Quirós 77, un lugar de fácil acceso para todos los sistemas de delivery (cómo Rappi, Glovo, Uber Eats), y con gran densidad de demanda en las inmediaciones.

Antes de fin de año, estarán funcionando otras dos cocinas, sobre un plan de 12 aperturas en 36 meses, incluyendo 4 en Córdoba, 4 en Ciudad de Buenos Aires, 2 en Rosario y 2 en Montevideo.

Hoy, montar un restaurant con delivery puede demandar una inversión de $ 1.800.000, todo a riesgo -explica Pancho Quiñonero-; "nuestra propuesta es alquilar la infraestructura llave en mano, por un mínimo de dos meses, sumándoles servicios de administración y marketing, que proveemos desde nuestra agencia".

Además de Francisco Quiñonero, están en el proyecto Matías y Guillermo Quiñonero, Franco Loson, Carlos Sartor y Federico Berruezo.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.