El que no llora… UIC y UIA muestran sus heridas: la industria pierde 50.000 empleos y vende hasta 30% menos

La escena es incómoda, pero real. Mientras el Gobierno avanza con un programa de orden macroeconómico y baja de la inflación, la industria argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Caída del consumo, presión de costos y apertura de importaciones configuran un combo que ya está teniendo impacto directo en la producción y el empleo.

Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), y Luis Macario, presidente de la Unión Industrial de Córdoba (UIC).

Ya se sabía a qué venían y “no defraudaron”: UIC y UIA pasaron por Córdoba para aunar lamentos y definir su mirada del momento.

“Hoy vemos dos problemas centrales: la caída del consumo y la falta de competitividad”, resumió el presidente de la UIA. El diagnóstico no es menor: sectores como textil, calzado, metalmecánica, autopartista y materiales de construcción registran caídas de ventas de entre el 25% y el 30% respecto a 2022.

El encuentro en el Parque Empresarial Aeropuerto de Córdoba, juntó al presidente de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), Luis Macario, y el titular de la UIA, Martín Rappallini, en una rueda de prensa donde hablaron de la coyuntura y la visión del sector, tanto a nivel provincial como nacional.

El dato más sensible está en el frente laboral. “El empleo viene cayendo: el último semestre del 2025 se perdieron alrededor de 5.000 puestos de trabajo por mes, y este año arrancamos con caídas de 3.000 mensuales”, detalló. El número acumulado enciende alarmas: cerca de 50.000 empleos industriales menos desde 2023.

El costo de un ajuste que duele

Rappallini reconoce que el rumbo general -orden fiscal y baja de la inflación- es necesario. Sin embargo, advierte que el proceso tiene efectos colaterales que no pueden ignorarse. “Hay que mirar otras variables como el desempleo y la actividad. El dolor en muchos sectores es muy grande”, sostuvo.

En ese contexto, aparece un concepto que genera debate: la “destrucción creativa”. Para el titular de la UIA, la secuencia importa. “Cuando se crean cosas nuevas, hay cosas que se destruyen, pero hay que crear primero para destruir. No al revés”, planteó, marcando distancia con una lógica de ajuste que podría estar afectando al entramado productivo antes de que emerjan nuevas oportunidades.

Doble presión: menos ventas y más importaciones

La industria enfrenta lo el presidente de la UIA describe como un “doble efecto”: caída del consumo interno y mayor competencia externa. “Están vendiendo 25% o 30% menos, y además con aumento de importaciones. Eso genera una presión muy fuerte sobre muchos sectores”, explicó.

A esto se suma un problema estructural: el llamado “costo argentino”. Alta carga impositiva, costos financieros elevados y regulaciones que -según el sector- siguen afectando la competitividad frente a países como Brasil o China.

Córdoba, resiliente pero no inmune 

Aunque la industria cordobesa muestra históricamente capacidad de adaptación, la coyuntura no la deja afuera. “Es un empresariado resiliente, que quiere una economía ordenada y con reglas claras, pero sigue conviviendo con distorsiones que complican competir”, señaló Rappallini.

Un dato ilustra el momento: la capacidad instalada ronda el 53%, lo que refleja que hay margen ocioso antes de pensar en nuevas inversiones en gran parte del entramado industrial.

¿Dónde sí hay movimiento?

No todos los sectores están en pausa. Minería, energía y el agro aparecen como los grandes dinamizadores actuales, impulsados tanto por inversiones como por mejores precios internacionales. “Ahí sí hay sectores que están invirtiendo fuerte”, destacó.

Sin embargo, la pregunta de fondo es qué pasa con la industria tradicional. ¿Puede sostenerse mientras se reconfigura el modelo económico?

Preservar el “tejido empresarial”

Para la UIA, la clave está en evitar que el proceso de estabilización se lleve puesto al entramado productivo. “Hay que preservar el tejido empresarial. Formar un trabajador industrial lleva tiempo, inversión y esfuerzo. Cuando se pierde, es muy difícil recuperarlo”, advirtió.

El desafío, entonces, no es solo estabilizar la macro, sino hacerlo sin romper los cimientos productivos. Porque, como dejó entrever Rappallini, el riesgo no es solo una recesión: es perder capacidades que después cuestan años reconstruir.

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