Hasta ahora, cuando se habla de impacto empresarial, hay tres consensos bastante instalados: ganar dinero como primer driver, pensar en las personas dentro y fuera de la organización y cuidar el ambiente, reduciendo el daño o reparando aquello que se pueda.
Pero la inteligencia artificial está metiendo una cuarta variable en la ecuación: qué impacto genera la tecnología y cómo deberían gestionarlo las empresas.
Sobre ese terreno trabaja Paula Monte, fundadora de El Cuarto Impacto y referente en transformación empresarial con IA, quien propone sumar la responsabilidad digital como una cuarta dimensión que acompañe a las tres anteriores.
“Lo que busca es esa responsabilidad digital, acompañando los otros tres impactos”, explica Monte. La idea es que la tecnología también pueda contribuir al impacto económico mediante un uso eficiente, al impacto social potenciando a las personas y al ambiental a través de un uso responsable de la energía, la infraestructura y los recursos tecnológicos.
Pero hay una definición que atraviesa toda la propuesta: la tecnología no debería reemplazar a las personas, sino amplificar sus capacidades.
“El norte principal es amplificar de manera responsable las capacidades humanas, las habilidades, el desarrollo humano y de las organizaciones a través de la tecnología”, sostiene. Y agrega: “La tecnología no debería ser un reemplazo de las personas ni de la inteligencia humana, sino un amplificador”.
Los cuatro compromisos del cuarto impacto
El manifiesto de El Cuarto Impacto está compuesto por 14 principios y cuatro dimensiones que buscan funcionar como una base ética y de responsabilidad empresarial para las organizaciones que incorporan tecnología e inteligencia artificial.
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El primero es crear valor: La tecnología no debería incorporarse simplemente porque es tendencia, sino para resolver problemas concretos, generar valor y mejorar las capacidades de la organización. “Debe tener un propósito”, plantea Monte. Y lo resume con una frase: “Automatizar sin estrategia es institucionalizar el desorden”.
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El segundo es potenciar a las personas: Para Monte, la discusión no pasa tanto por si la IA reemplazará personas, sino por qué tareas y habilidades serán reemplazadas y cuáles habrá que desarrollar. “Hay una responsabilidad muy grande de los dueños, de los líderes de la empresa y también de las mismas personas de esa reinvención”, sostiene.
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El tercero es gobernar el poder digital: Cuando entran en juego datos, algoritmos y automatizaciones, las empresas deben definir quién controla los sistemas, quién accede a la información y quién responde por las decisiones. “Una empresa puede tercerizar la tecnología, pero no la responsabilidad de las consecuencias”, advierte Monte.
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El cuarto es distribuir las capacidades tecnológicas: La democratización de la IA puede abrir nuevas oportunidades, pero el acceso a una herramienta no garantiza que todos puedan aprovecharla. “Muchas veces el acceso a herramientas no alcanza”, señala Monte, para quien también es necesario desarrollar la capacidad de adaptación. El objetivo final es fortalecer la autonomía: “Que nos ayude a ser más autónomos y no más dependientes”.
Empresa A: no certificará cuánto usan IA, sino cómo
Todo este marco desemboca en una propuesta concreta: la certificación “Empresa A”. La denominación se construye sobre cuatro conceptos: autonomía, adaptabilidad, algoritmo responsable y acción.
La autonomía busca fortalecer el criterio humano y organizacional; la adaptabilidad, desarrollar nuevas habilidades frente a un mundo de cambios acelerados; el algoritmo responsable, gobernar adecuadamente la tecnología, los datos y sus consecuencias; y la acción, llevar esos principios al día a día de la organización.
Pero hay una aclaración importante: no sería una certificación por incorporar tecnología.“La certificación no tiene que ver con una certificación de incorporación de tecnología, sino del cómo”, explica Monte. Es decir, el foco estaría puesto en cómo una empresa adapta y adopta la tecnología, con qué estrategia, qué gobernabilidad establece y qué impacto genera.
Una organización que aspire a convertirse en “Empresa A” debería demostrar que integra tecnología e inteligencia artificial con estrategia, gobernabilidad y responsabilidad; que esa utilización permite crecer y agregar valor; que se ocupa del desarrollo de sus personas y que genera nuevas oportunidades sin producir daños digitales ni dependencias.
Los puntos del Manifiesto
El Manifiesto del Cuarto Impacto propone incorporar la responsabilidad digital como una cuarta dimensión del valor empresarial, complementaria al impacto económico, social y ambiental. Estos son sus 14 principios:
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La tecnología es la herramienta, y las personas son el motor.
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La responsabilidad digital es la nueva ética empresarial.
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La inteligencia artificial debe ampliar la inteligencia humana, no sustituirla.
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Automatizar sin estrategia es institucionalizar el desorden.
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La adaptabilidad es la competencia estratégica del siglo.
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La eficiencia debe estar al servicio del bienestar, no a su costa.
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Las capacidades humanas son la tecnología más importante de cualquier organización.
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El pensamiento profundo requiere protección.
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Liderar la transformación tecnológica es, ante todo, una responsabilidad humana.
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La tecnología debe ampliar oportunidades, no profundizar desigualdades.
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La transformación tecnológica bien liderada fortalece la identidad organizacional.
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El futuro no es IA o humanos. Es humanidad potenciada por tecnología.
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La confidencialidad de los datos es un derecho humano, no una opción técnica.
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La tecnología debe operar dentro de los límites del planeta, no a sus expensas.
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