La varita (alta) con la que se mide la belleza: Kolektor y VD la cuestionan

Kolektor realizó ayer uno de sus desayunos colaborativos in company y lo hizo de la mano de Vanesa Duran.
La reunión fue en Mercado Central y asistieron más de 100 invitados quienes pusieron en tela de juicio los paradigmas de la belleza reinante. Para ello, disertó la psicóloga organizacional y directora de Action Group Viviana Liptviz quien repasó los conceptos de lo lindo y lo feo a lo largo de la historia e hizo particular énfasis en cómo se implantó el mito de la belleza perfecta durante la década de los '90 aún cuando se iban registrando movimientos feministas que fueron derribando distintas barreras socioculturales.
Más sobre los desayunos in company y qué dijo la experta sobre los estándares de belleza actuales, en nota completa.

Más de 100 personas participaron del desayuno colaborativo de Kolektor junto a Vanesa Duran.
Kolektor y Vanesa Duran cuestionaron la "vara" con la que se mide la belleza.
El desayuno colaborativo de Kolektor de la mano de Vanesa Duran.

“Hay que ser conscientes de estos paradigmas y hay que ser críticos”, dijo Liptviz y agregó: “es una vara altísima la que se plantea ya que muchos se sienten presionados a ser bellos: algunos pueden asimilarlo, pero otros lo sufren; y eso es lo que hay que reelaborar”.

In company
Los espacios colaborativos de Kolektor son acciones que se enmarcan en sus acciones de RSR para incorporar a la empresa a los debates sociales de la actualidad y a la comunidad para que tenga un espacio de meditación y análisis.

“El desafío es doble: que una empresa acepte el aporte de la comunidad y que la comunidad acepte la invitación para elaborar propuestas activas y concretas”, concluyó Hermann Karsten, director de Kolektor.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.