La jornada arrancó con la presentación de uno de sus autores, Matías Busso, economista principal del organismo, y continuó con un panel de discusión en el que economistas, empresarios y académicos debatieron sobre los desafíos que enfrenta Argentina para fomentar mercados más competitivos.
Presentación y panel de discusión
El informe del BID plantea una idea central: la falta de competencia es uno de los principales frenos al crecimiento en América Latina. Según el organismo, si la región alcanzara niveles de competencia similares a los de economías avanzadas, el ingreso per cápita podría ser alrededor de 11% mayor y la desigualdad caería 6%.
El estudio subraya que los mercados latinoamericanos son más concentrados, menos dinámicos y presentan mayores barreras de entrada, lo que se traduce en precios más altos, menor productividad y menos oportunidades de crecimiento.
En el panel, organizado en el marco de la presentación, los participantes pusieron el foco en la situación local. Mariana Schoua, presidente de AmCham Argentina y CEO de Aconcagua Energía, fue tajante: “sin apertura de la economía no hay competitividad posible (…) y sin competitividad no hay desarrollo”. Schoua añadió que lo que hace falta es continuidad de políticas, más allá de gobiernos o personas.
Algunos datos del informe
-
Markups (márgenes de ganancia): En la región, las empresas cobran, en promedio, un 35% por encima de sus costos de producción, mientras que en las economías avanzadas ese margen es del 20%.
-
Impacto en precios (carteles): El libro cita estudios que indican que los carteles y la falta de competencia pueden inflar los precios al consumidor entre un 5% y un 20%, llegando en casos extremos hasta el 100%.
Obstáculos y recetas posibles
Los expositores coincidieron en que muchas barreras a la competencia provienen del propio Estado: regulaciones, normas técnicas y trámites burocráticos que protegen a las empresas ya establecidas y dificultan la entrada de nuevos actores. El informe recomienda mejorar la calidad regulatoria y fortalecer las instituciones encargadas de defender la competencia.
Santiago Urbiztondo, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), advirtió que introducir competencia implica asumir riesgos y que eso exige una institucionalidad capaz de garantizar la credibilidad de las reglas. Sin estabilidad macroeconómica y reglas claras, las reformas pierden eficacia.
Como ejemplo concreto, el sector energético fue citado varias veces: cuando hubo competencia en generación eléctrica, los precios cayeron notablemente —de 60 a 25 dólares por megawatt hora en un año—; pero la mayor regulación posterior frenó la inversión y generó escasez.
Hoy se observan señales de cambio —apertura, desregulación y orden macroeconómico—, pero los participantes advirtieron que el proceso recién comienza y no es lineal. Como resumió Schoua: “fomentar la competencia es complicado. Y para cada caso probablemente se necesite una receta particular.”
El mensaje del BID y de los especialistas fue claro: sin mercados más abiertos, reglas más simples y un entorno previsible, la competencia no crecerá, y con baja competencia el crecimiento sostenido seguirá siendo difícil de alcanzar.
Tu opinión enriquece este artículo: