La confirmación del viaje de León XIV a la Argentina, entre el 8 y el 11 de noviembre, reabrió una comparación inevitable: la última vez que un Papa visitó el país fue Juan Pablo II, en abril de 1987. Entre una escala y la otra pasaron 39 años, un pontificado completo (el de Francisco, que nunca regresó como Papa) y dos economías que, aunque comparten el mismo país, parecen pertenecer a otro planeta.
En 1987 la Argentina de Raúl Alfonsín transitaba la agonía del Plan Austral. Después de haber bajado la inflación a un 90% anual en 1986, el esquema mostraba signos de agotamiento: la inflación de ese año cerró en torno al 131%, el Gobierno volvió a congelar precios y salarios en febrero, y la city ya especulaba con el desenlace que llegaría en 1989: la hiperinflación, que hizo caer los salarios reales hasta un 90% medidos en dólares y llevó a algunas empresas a pagar parte del sueldo con cajas de comida.
En 2026 la lectura es otra, aunque la palabra inflación siga siendo protagonista. El IPC de junio perforó el piso del 2% mensual y marcó una variación interanual del 33,5%, con una acumulada del 16,8% en el año. El REM del Banco Central proyecta un cierre de 2026 en torno al 30% anual, muy lejos de los tres dígitos de 1987, pero todavía alto para el mundo.
La diferencia de fondo no es solo el número: es que en 1987 la inflación era el síntoma de un Estado que emitía sin respaldo y negociaba salarios mes a mes, mientras que hoy conviven la desaceleración con un poder adquisitivo que no logra despegarse del delgado margen que deja la canasta básica.
El salario, de hecho, es la otra cara del contraste, y acá el dato duro sorprende. En junio de 1987 —el mismo mes en que el salario mínimo tocó su valor más alto de ese año, ₳331,20 (australes)— el dólar cerraba a ₳2,15 según la cotización del Banco Nación, lo que da un salario mínimo de apenas US$154. Hoy, el salario mínimo, vital y móvil llegó a $376.600, unos US$269 al cambio actual: casi 75% más en términos de dólares que hace 39 años, aunque en el medio hubo hiperinflación, convertibilidad, corralito y una brecha cambiaria que en distintos momentos hizo mucho más angosto ese poder de compra real.
Los rubros de consumo también cuentan la historia. En 1987 el mercado automotor argentino estaba dominado por el Ford Falcon, el Renault 12, el Fiat 128 y el Peugeot 504, con SIAM, IKA-Renault y Fiat como referencias industriales locales. Hoy el podio lo ocupan Toyota (con la Hilux como reina de las pick-ups), el Fiat Cronos —fabricado en la planta cordobesa de Ferreyra— y modelos como el Peugeot 208 o la Volkswagen Amarok, en un mercado mucho más globalizado, con marcas chinas como Chery, Geely o BYD ganando terreno año a año.
En electrodomésticos, SIAM, Aurora y Philco eran sinónimo de heladera y lavarropas en los 80; hoy esa vidriera la ocupan Whirlpool, Samsung y LG, con un componente importado mucho mayor.
Los medios de comunicación quizás sean el cambio más radical. En 1987 la agenda pública se armaba con los diarios Clarín, La Nación, La Razón y Crónica, radios como Rivadavia, Mitre y Continental, y una televisión que en su totalidad estaba bajo control estatal: ATC (el actual Canal 7) y también los canales 9, 11 y 13, intervenidos desde 1974 y recién privatizados entre 1989 y 1990.
Joyita de 1987: Mirtha Legrand llegando en un flamante Ford Sierra Ghia al Hotel Leverage para su mítico ciclo de almuerzos.
En 2026 esa estructura convive con streaming de noticias y entretenimiento (Olga, Luzu, UniversoTV), portales digitales, redes sociales como principal fuente de información para buena parte del público joven, y una prensa gráfica que sigue existiendo, pero ya no concentra la audiencia masiva de entonces.
Lo que no cambió tanto son algunas marcas de consumo masivo: Coca-Cola y Quilmes ya eran protagonistas de las góndolas en 1987 y lo siguen siendo hoy, atravesando crisis, hiperinflaciones, convertibilidad, corralito y varios cambios de moneda —del peso argentino al austral, y de ahí al peso actual—, algo que en sí mismo resume el nivel de volatilidad que separa ambas épocas.
No es de ahora, Coca-Cola siempre estuvo a la vanguardia a la hora de la publicidad.
Entre la Argentina que recibió a Juan Pablo II y la que recibirá a León XIV hay una constante: la lucha contra la inflación como tema central de la agenda económica. La diferencia es que en 1987 esa lucha se perdía a los pocos meses, y en 2026 —al menos por ahora— parece sostenerse.
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