Hay organismos internacionales que existen en el imaginario colectivo como figuras lejanas y abstractas. El PNUD —Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo— es uno de ellos. Tiene oficinas en más de 170 países, trabaja en Argentina hace 40 años y, sin embargo, pocos saben exactamente qué hace ni por qué importa. Una excusa para explicarlo.
El Índice que lo mide todo
El producto más conocido del PNUD es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), creado en 1990 a partir del trabajo del economista paquistaní Mahbub ul Haq y las ideas del Nobel Amartya Sen. La premisa es simple y poderosa: el progreso de un país no puede medirse solo por su PBI. Hay que combinar tres dimensiones —salud (esperanza de vida al nacer), educación (años de escolarización y acceso) e ingresos (ingreso nacional bruto per cápita)— y expresarlas en una escala de 0 a 1. Cuanto más cerca de 1, mejor.
En 2023, Argentina registró un valor de 0,865 y se ubicó en el puesto 47 entre 193 países y territorios. Islandia encabezó el ranking global con un IDH de 0,972, mientras que Sudán del Sur ocupó el último lugar con 0,388. En América Latina, Argentina se posicionó segunda, por detrás de Chile (0,878) y por delante de Uruguay (0,862).
¿Es el IDH el Aleph de las estadísticas —el punto donde converge todo lo que importa de un país? Casi. Pero tiene sus límites. Al incorporar la distribución del desarrollo en la medición, el IDH de Argentina cae un 12%. La desagregación por sexo evidencia una brecha persistente en los ingresos entre mujeres y varones. Y al ajustar el IDH por emisiones de CO₂ y huella material, el valor desciende a 0,763. El índice mide acceso, no calidad. Por eso el PNUD Argentina, desde 2002, construye también un Índice de Desarrollo Humano Ampliado a nivel subnacional que agrega dimensiones de calidad a cada variable.
Las variaciones del crecimiento económico en Argentina limitaron su desempeño: el crecimiento promedio anual entre 1990 y 2023 fue de 0,50%, por debajo del promedio global (0,66%) y del regional (0,58%). En términos más crudos: Argentina tiene buenas notas en salud y educación, pero pierde terreno en ingresos y en velocidad de mejora.
Lo que hace cuando nadie mira
Más allá del IDH, el PNUD opera en Argentina en tres ejes: finanzas sostenibles, innovación estratégica y transición digital. En la práctica, eso incluye desde asesoramiento a políticas públicas hasta proyectos de conservación ambiental. Uno de los ejemplos más creativos recientes es el Seguro de Protección al Yaguareté —una iniciativa junto a Río Uruguay Seguros, el gobierno de Misiones, Aves Argentinas y Proyecto Yaguareté— que compensa económicamente a productores rurales cuando un yaguareté mata ganado, eliminando el incentivo para matarlo. El proyecto fue seleccionado entre más de 200 iniciativas del sistema de Naciones Unidas en todo el mundo y recibió una mención honorífica en los U.N. 2.0 People's Choice Awards.
El organismo también publica informes regionales sobre el estado del desarrollo en América Latina. El más reciente, titulado "Bajo presión: Recalibrando el futuro del desarrollo en ALC", advierte sobre una desaceleración preocupante: el incremento proyectado del IDH para 2024 sería el más bajo en 35 años, y las brechas entre países con IDH muy alto y aquellos con IDH bajo —que habían disminuido durante décadas— volvieron a ampliarse desde 2020.
El PNUD lleva 40 años de presencia ininterrumpida en Argentina —una continuidad que atravesó dictaduras, hiperinflaciones, defaults y pandemias. No es poco. Y sin embargo, sigue siendo uno de los organismos más activos y menos conocidos del sistema internacional.
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