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Cuando Arnucon arrancó en 2006, en Córdoba solo había dos empresas dueñas de grúas torre. Una era el Grupo Dinosaurio —cuyo titular, Euclides "Tati" Bugliotti, tenía una— y la otra era de Gama. El mercado era chico, la competencia tenía 20 o 30 años de ventaja, y los dos socios de Arnucon apenas pasaban los 20 años cada uno. Hoy, veinte años después, el grupo atiende entre 100 y 120 grúas torre entre propias, alquiladas y en servicio a clientes en todo el país.
El origen es tan informal como sólido. Una charla de amigos en un café. Uno venía del rubro seguros, el otro trabajaba con su padre en el negocio inmobiliario. Se conocían del primario, uno se había recibido en Comercio Internacional, el otro estudiaba Marketing. Tenían ganas de meterse en maquinaria y minería, hicieron alguna operación, pero fue en un posgrado donde uno de ellos conoció a alguien que necesitaba un equipo específico para una obra eléctrica en el sur del país. Ese equipo era una grúa torre Comansa, una firma española con 60 años en el mercado. Fueron a buscar la representación. Se la dieron. Y así arrancó Arnucon.

Claudio Arnulphi, cofundador y la otra mente detrás de este proyecto pionero en federalizar el acceso a las grúas torre en Argentina.
Cómo funciona el negocio
El modelo tiene tres patas. La primera y central es la grúa torre: Arnucon compra los equipos —con distribución exclusiva de Comansa en Argentina— y los alquila, o bien hace de intermediaria entre la fábrica y un cliente que quiere importar directamente. La segunda es el servicio técnico y mantenimiento de esos equipos, que incluye armado, montaje, diagnóstico remoto y postventa permanente. La tercera, más reciente, es la importación de neumáticos: en un año vendieron cerca de 20.000 unidades bajo la marca Kaiser, con locales sobre Boulevard los Heras.
Una grúa torre estándar —unos 50 metros de pluma y 40 metros de altura— tiene un valor que ronda las seis cifras en euros puesto en el país. Ese mismo equipo puede amortizarse en aproximadamente un año y medio de obra si se lo compra. Por eso Arnucon siempre recomienda primero evaluar la compra antes del alquiler: los bancos tienen líneas de crédito para bienes de capital, y muchas veces la cuota de un crédito equivale al costo del alquiler, con la diferencia de que al final el equipo es propio.
"Yo te quiero vender la segunda, no la primera. Quiero que vengas y me digas que mi asesoramiento fue bueno y que cuando llamaste a España o a China te mandaron con nosotros", resume José Contreras, cofundador de Arnucon. La filosofía es de largo plazo: el boca a boca construyó gran parte de la cartera de clientes, que incluye a GNI, Proaco, Estructuras SA, Gama, Coba y empresas de primera línea en Buenos Aires como Tosud y Azcuy.
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La logística que nadie ve
Una grúa torre no llega en un camión. Llega en contenedores —entre 3 y 23, dependiendo del tamaño del equipo— desde China o España, vía puerto de Buenos Aires o por Chile si la obra está en Cuyo. El proceso va desde la negociación con la fábrica, pasando por el estudio aduanero, el freight forwarder y la logística de desconsolidación, hasta el armado en obra. Una grúa nueva se monta en diez horas en condiciones normales. Una que ya tiene ensambles previos, en un día y medio.
La referencia más grande en su historia fue la provisión del equipo que armó la cúpula de la sala “ballena azul” del ahora Palacio Libertad (exCentro Cultural Kirchner) en Buenos Aires: 80 metros de alto, 80 metros de pluma, 48 toneladas de carga máxima, 23 contenedores descargados en el microcentro porteño. Fue la grúa más grande en la historia de Argentina hasta ese momento, y tuvieron que traer técnicos desde Chile porque en el país nadie había montado algo así.
Federal como pocos
El gran diferencial de Arnucon frente a la competencia —concentrada principalmente en Buenos Aires— es su federalismo. El equipo de 15 empleados permanentes más cinco eventuales opera en forma continua en Mendoza, San Juan, Santiago del Estero, Misiones, Jujuy, Rosario, Buenos Aires y Córdoba. En Santiago del Estero participaron de las emblemáticas torres gemelas del Complejo Juan Felipe Ibarra. En Jujuy, de la torre de control del aeropuerto. En Puerto General San Martín, de la operación de los silos de Nidera sobre el río Paraná. En Uruguay, indirectamente, a través de una grúa usada para construir el módulo habitacional de los trabajadores finlandeses de la papelera UPM.
La proyección para los próximos tres años es que la mitad de los ingresos del grupo provenga de importaciones más allá de la grúa torre —incluyendo minería, donde la grúa torre es todavía casi inexistente en Argentina pero muy utilizada en Sudáfrica y en proyectos como los de Aramco. "La grúa torre para nosotros es nuestra pasión y nunca vamos a dejar de estar", dice Contreras. "Pero creemos que estamos en posibilidad de poder ampliarnos. Le ponemos una pizca de desafío al tratar de innovar."
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