Inventó una bandera que no se enreda ni se rompe con el viento (y ya se la venden a municipios, escuelas y clubes): así es la historia de Aralt

(Por Rocío Vexenat) Sebastián Galván es el fundador de Aralt, la empresa que desarrolló un sistema para que las banderas ondeen siempre desplegadas, sin enredarse ni romperse con el viento. 

Todo empezó en un hospital. Sebastián estuvo internado y durante ese tiempo, desde el segundo piso, percibía de forma constante el ruido metálico de un mástil golpeando contra un alambre. Al recuperar la movilidad, identificó el origen del sonido: en la planta baja, una bandera permanecía enredada en la base del mástil, al punto de no poder distinguir a qué pertenecía.

Esa imagen se le quedó grabada. Hijo de un padre que, sin ser veterano, vivió el conflicto de Malvinas de cerca, Sebastián creció con un fuerte respeto por los símbolos patrios. La bandera enredada en el mástil del hospital le pareció, directamente, una falta de respeto.

La bandera de Plaza de Mayo fue la gota que rebalsó el vaso

Con los años, en sus viajes a Buenos Aires para hacer su tratamiento, Sebastián empezó a notar el mismo problema en la Casa Rosada, el Cabildo, embajadas y edificios públicos: banderas enredadas, rotas o maltratadas por el viento.

El clic final llegó un día paseando con su esposa, Mariela, por Plaza de Mayo: vieron a un turista fotografiando la bandera argentina completamente enredada en el mástil. "Me cansé, ya está", pensó. Ahí decidió emprender.

El desarrollo: prueba, error y varillas de fibra de carbono

Sin formación en ingeniería ni diseño, Sebastián se apoyó en un amigo con más conocimiento técnico y en su abogada para resolver la parte legal y protocolar. Probaron varios prototipos: algunos no aguantaban la lluvia, otros se doblaban con el viento.

La solución final: insertar dentro del dobladillo superior de la bandera (esa costura de 3 a 5 centímetros que tienen todos los paños), una fibra de varilla de carbono segmentada, que cubre el 60% del paño. El 40% restante queda libre para mantener el movimiento natural de la tela. El resultado es una bandera que se despliega apenas se iza y no se enreda ni se rompe con el viento.

Ya la usan municipios, clubes y empresas

Aralt ya comercializa sus banderas en distintos municipios, clubes de barrio y empresas, que antes gastaban de más en reponer paños rotos por las tormentas. Los precios arrancan en los $ 25.000 - $ 30.000 para un paño chico de 90 centímetros (ideal para balcón) y suben según el tamaño y el uso.

Hasta ahora llevan colocadas entre 55 y 70 banderas, incluyendo una de 8,28 metros de ancho por más de 5 de alto en un monumento de Buenos Aires.

El sueño: exportar y llegar a escuelas rurales

Entre los próximos objetivos de Sebastián está exportar el sistema a países limítrofes y trabajar con instituciones educativas y clubes de barrio, incluso en zonas rurales donde el acceso a este tipo de soluciones suele ser más difícil.

Si pudiera elegir, sus tres mástiles soñados serían la Casa Rosada en Plaza de Mayo, el Monumento a la Bandera en Rosario y (como hincha) la sede de la AFA.

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