Fuman dentro de una garrafa. Los PR (relacionistas públicos) de las tabacaleras decían hace 15 años que ellos no querían vender más cigarrillos: “nuestro objetivo es que las personas que ya fuman elijan nuestras marcas”. ¡Olé!
Ahora, en 2026, van más lejos en la articulación de su discurso: queremos que los cigarrillos dejen de existir y sean una pieza de museo. ¡Olé y olé!
Y dicen más:
- Si no fumás, nunca empieces -afirman mirando a los ojos.
- Si ya fumás, dejalo -añaden.
- Si no podés o no querés dejar el cigarrillo, pasate a las opciones sin humo de Philip Morris, proponen en su Technovation, la jornada de innovación y bajada de línea que por primera vez llega a Buenos Aires.
En el mundo, estiman desde el sector, hay 1.000 millones de fumadores, 60 millones en Latinoamérica y unos 8 en Argentina. El mercado está ahí, el desafío es orientarlo a sus “soluciones”.
Con esa línea de argumentación, Philip Morris International presentó en Buenos Aires sus tres soluciones libres de humo, una ya en el mercado y las otras dos “al caer”:
Bolsitas de nicotina: son como un mini saquito que colocás en el vestíbulo bucal (entre la encía y el labio, por dentro) y que hace el delivery de nicotina al cuerpo por absorción. Ideal para fumadores que tienen que hacer largos viajes en avión o que deben permanecer en un lugar libre de humo, por ejemplo.
Zyn, la marca de Philip Morris en bolsitas (o pouches) de nicotina. Algunas versiones sí están autorizadas y se venden en Argentina
Los vapeadores: una categoría que no inventó la industria del tabaco pero que sí ayudó a emprolijar. No tienen combustión del tabaco y la nicotina llega dentro de un líquido que el vaper permite inhalar por boca. Hoy no es una categoría estándar y conviven cosas menos peligrosas que el cigarrillo de tabaco (las que impulsa la industria) y muchas peores y más tóxicas que el peor de los “puchos”.
Veev: la versión de vapeadores de PMI, una opción libre de humo que está autorizada en Argentina pero aún no se vende (falta una reglamentación final)
El tabaco calentado: bajo la marca Iqos (se pronuncia “aicos”) es un artefacto que se carga con cartuchos consumibles de la marca Terea en diferentes “sabores”. No genera combustión (calienta pero no quema el tabaco) ni cenizas y solo genera un débil humo -casi sin olor- a la salida de la boca y los pulmones del fumador.
Los más parecido a un pucho, dicen. Iqos y sus consumibles Terea
Preparando la llegada de Iqos y Zyn
Las tres opciones con las que PMI quiere jubilar al pucho -dicen- son mejores (menos peores) que fumar, con 95% menos de los elementos nocivos que produce la combustión del tabaco.
No solo lo dicen ellos (los interesados), sino que la FDA de EE.UU. le dio vía libre como un camino para mitigar el daño que los cigarrillos causan en la salud pública.
En Argentina, la gestión Milei eliminó la prohibición de vapeadores y aparatos para calentar tabaco como el Iqos. En breve saldría la última papeleta del Ministerio de Salud y se podrán comercializar tanto vapeadores como Iqos en toda Argentina, aunque la industria sigue inhibida de casi toda forma de publicitar sus productos.
Disponibles en más de 100 países del mundo, estas alternativas de PMI -dicen desde la empresa- han logrado reducir hasta el 47% la venta de cigarrillos tradicionales (en Japón, por ejemplo), sustituyendo un consumo malo por uno menos malo.
Precios (como un Marlboro Box)
Tanto los vapeadores tradicionales como los nuevos formatos como Iqos requieren que el fumador compre el hardware, el aparato en sí que puede costar entre $ 25.000 (los vapeadores más básicos) y $ 150.000 (los Iqos más sofisticados, con sus respectivos cargadores).
Luego de tener el aparato, los fumadores deberán proveerse sus consumibles: cápsulas con líquidos en un caso y cilindros o sticks de tabaco en otro a un valor que rondará los $ 5.500 a $ 6.000, un valor similar a un “atado” de 20 cigarrillos Marlboro Box, la referencia más cara del amplio abanico de puchos que dan vueltas en los kioscos del país.
Y ahí está la otra batalla: hoy conviven en el mercado cigarrillos hechos por multinacionales (PMI, BAT con marcas como Marlboro, Philip Morris, Lucky Strike o Camel), cigarrillos “made in Argentina” (como Red Point o West de Tabacalera Sarandí) que se venden en blanco, en gris y en negro y productos directamente contrabandeados e imitaciones de marcas como Marlboro.
Muchos productores de tabaco de Salta y Jujuy (también se produce en Misiones, Tucumán, Corrientes, Chaco y hasta Catamarca) se cobijan en el ecosistema de las multinacionales que cumplen a rajatabla el FET (Fondo Especial del Tabaco) que sostiene la actividad vía impuestos.
En Argentina se estima que se siembran unas 45.000 a 55.000 hectáreas de tabaco entre los 20.000 productores del norte argentino, un negocio que demanda unos 120 jornales por hectárea al año e involucra unas 200.000 a 300.000 personas en forma directa e indirecta. Por eso, dicen desde el sector tabacalero, el sistema “mantiene” a un millón de personas (incluyendo 4 personas por empleado del sector).
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