Human Camp conmovió: el niño de villa que no era pobre, el empresario arrepentido y Cristina de pies descalzos

Con gente sentada en las escaleras, el auditorio de la UES21 recibió ayer otra edición del Human Camp, una serie de conferencias vivenciales que emocionaron y conmovieron. De lo que vimos, nos divirtió la historia de Cristina Schwander (disertó descalza) “mamá” de la Universidad Siglo 21; de Daniel Cerezo, un chico de villa miseria que encontró un hada madrina y hoy es gerente de Felicidad de una importante empresa, y las confesiones de Mario Quintana, el titular de Pegasus y Farmacity que admitió que cuando su meta era ganar dinero, no la pasó bien.
(Apostillas en nota completa… y si estuviste, comentanos tu experiencia).

No se trata de contar historias de éxito, sino historias de vida. Y en eso Human Camp cumple lo que promete.

La jornada de ayer en la UES21, a sala llena, dejó emociones por doquier. La presentación con el tono justo de Carlos Pérez (presidente de la agencia BBDO) fue dejando paso a oradores como Cristina Schwander (bella y carismática a sus 50), que no dudó en descalzarse para sentirse más a gusto y en contacto con sí misma.

En retrospectiva de 20 años, Cristina empezó su historia con el embarazo de su hijo Juan Cruz, que coincidió con el alumbramiento que ella y Juan Carlos Rabbat hicieron de la UES21. Y también en la organización cumplió ese rol de “madre”, aportando a la visión de Rabbat el toque humano y femenino que hizo un diferencial en la universidad.

“No me gusta cuando nos instan a salir de nuestra zona de confort -analizó Cristina-; deberíamos decir que hay que moverse de la zona de seguridad, de esa posición que ya no nos motiva… porque el confort es algo bueno y está incluso en la tensión creativa”.

Vino después la conmovedora charla de Daniel Cerezo, un chico de villa que fue tocado por el hada madrina, una maestra de piano que no sólo le enseñó los acordes de cumbia que lo motivaban, sino que lo llevó a conocer la música de Piazzola y Beethoven.

Emprendedor social, Cerezo se topó hace un par de años con los dueños de Las Paez que no dudaron en proponerle sumarse a la organización. Con los años su rol tiene un nombre: gerente de Felicidad y Cultura, una posición que se preocupa por el rol profesional, personal y social de cada uno de los empleados de la exitosa empresa de calzado.

“La visión de Las Paez es ser la empresa más amada del mundo y, para eso, primero te tienen que amar tus propios empleados”, resumió Cerezo al final de una charla ovacionada.

Antes del corte para un café, apareció un “big fish”: Mario Quintana, el empresario titular de grupo Pegasus y Farmacity, con 6.000 personas a su cargo. 

Apenas terminó la secundaria quiso ser misionero, pero lo convencieron de hacer una experiencia laica y se convirtió en empresario: “durante los 20 años que estuve dedicado a ganar dinero no la pasé bien -analizó-; pero en los últimos 10 años encontré otro sentido a mi misión y a la de mi empresa. Ahora termino de entender todo lo maravilloso que es ser empresario”.

Practicante de meditación y técnicas que lo mantienen en el “aquí y ahora”, a Quintana le gusta ver una foto de la Vía Láctea donde el sistema solar es un pequeño punto en el que ni se puede distinguir la Tierra. “Es un buen antídoto para cuando nos creemos importantes”, explicó.

Y aunque en su día a día lucha con múltiples restricciones externas (mercado, importaciones, competencia), el dueño de Farmacity no duda en afirmar que sus principales dificultades las aporta él mismo: “tengo mis sombras y a veces soy un negro complicado… pero al menos me obligo a recordármelo”. Otra gran aplauso.

(En la segunda ronda venían Estanislao Bachrach, Guillermo Casarotti, Eugenia Patiño y Christian Plebst. Si estuviste ahí, contanos cómo lo viviste).

 

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