En mayo de 2021, José Trajtenberg le explicaba a InfoNegocios qué hacía Xcapit con una imagen sencilla: eran “como los agentes de bolsa”, pero en el mercado de las criptomonedas y con robots y algoritmos que compraban y vendían de forma automatizada. Por entonces la empresa tenía 1.600 clientes, la mayoría millennials, con una inversión promedio de US$ 1.500. Operaba como socio estratégico de Binance y se preparaba para hacer pie fuerte en México.
Cinco años después, la foto es otra. Xcapit es hoy una software factory que hace desarrollos a medida en tres verticales: ciberseguridad, inteligencia artificial y blockchain. Tiene productos propios que vende como SaaS, trabaja con gobiernos, con el BID y con UNICEF, y acaba de volver de una misión comercial por Centroamérica con distribuidores cerrados en tres países.
“Comenzamos en 2018 trabajando con blockchain e inteligencia artificial. Primero hacíamos gestión de cartera automatizada, después pasamos a tener una billetera propia y más tarde empezamos a hacer infraestructura para banca y fintech. En ese momento decidimos dar el paso y abrir una software factory”, resume José Trajtenberg, CEO y cofundador de la firma junto a Fernando Boiero (CTO).
La billetera fue el puente entre las dos etapas. Era una wallet cripto de código abierto, pensada para que las familias supieran cuánto ahorrar e invertir para alcanzar sus objetivos, y en su primer año superó los 50.000 usuarios en más de 85 países. Con ese producto, el equipo ganó la categoría scale-up del Santander X Global Challenge. Más tarde, la wallet obtuvo la certificación ISO 27001 y el reconocimiento como bien público digital.
Hacia 2022, la experiencia acumulada en seguridad, infraestructura financiera y experiencia de usuario se trasladó al mundo de las organizaciones, y la empresa pasó del B2C al B2B y al B2G. En ese salto pesó la alianza con la UTN Facultad Regional Villa María, con la que abrieron un laboratorio de blockchain y ciberseguridad. A eso se sumó el trabajo con el IITDE de la UNC. “Las alianzas con casas de estudio nos permiten retroalimentarnos, abordar distintos desafíos, permanecer actualizados y seguir teniendo acceso al talento”, dice Trajtenberg, que vive con su familia en Villa María.
Hoy el equipo supera las 50 personas, distribuidas en distintas provincias, con una sola integrante fuera del país, en España. La empresa tiene sociedad y operaciones en Argentina, Perú y Estados Unidos. Además de los desarrollos a medida, Xcapit trabaja con un portafolio de productos propios agrupados en Xcapit Labs:
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OrchestAI: orquestación de múltiples modelos de lenguaje.
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xNinja: pentest automatizado y compliance en ciberseguridad.
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AiSec: seguridad de código con IA.
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Privacy: entrenamiento de modelos de machine learning cifrado y federado.
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Bonum: beneficios corporativos digitales.
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Shelter: infraestructura de pagos humanitarios por SMS.
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ArgenTor: infraestructura blockchain.
El orquestador que elige qué IA usar (según lo que cuesta el token)
El último año cambió el centro de gravedad del negocio. “Diría que desde hace un año creció drásticamente la demanda en materia de inteligencia artificial: procesos de optimización, de eficiencia, de automatización y, obviamente, los problemas que surgen a raíz de la IA”, explica el CEO.
De esa demanda nació OrchestAI, una plataforma que administra la gobernanza de los agentes y de los motores de IA que usa una organización. El primer objetivo es ordenar ese uso. “Lo que cada uno pone en un prompt le suma al otro, pero si está todo desperdigado, no colabora”, señala Trajtenberg.
El segundo objetivo es el costo. Para una persona en su casa, usar ChatGPT, Claude o Gemini representa un gasto acotado. “Pero cuando son organizaciones que tienen 300 licencias y están permanentemente trabajando, la factura del uso de esos motores puede ser de cientos de miles de dólares”, advierte. Por eso, la herramienta incluye un motor de eficiencia que evalúa cada tarea y, en tiempo real, el precio del token, que es el “combustible” de cada modelo. Trajtenberg lo explica con una comparación: “A lo bruto, es como si tuvieras que matar a un ratón y tuvieras a mano un tanque de guerra o una gomera. Lo que uno hace indiscriminadamente es usar el tanque de guerra para todo”. Y suma un ejemplo concreto: los modelos chinos están muy subsidiados y son cada vez más capaces, así que muchas veces conviene usar dos tokens chinos antes que uno de Claude.
El tercer objetivo es la trazabilidad, clave para bancos, organismos de salud y cualquier entidad regulada que tenga que rendir cuentas. El sistema registra quién le pidió qué a cada motor y de qué base de información salió la respuesta. Ese anclaje a fuentes propias también evita que la IA “alucine”, es decir, que invente datos. “Es exactamente lo mismo que la cadena de endosos en un cheque”, grafica.
Hackeo ético en un día y a la décima parte del precio
El otro producto que traccionó en el último año es xNinja, una herramienta de pentest automatizado. El pentest es una prueba de penetración que históricamente hacían auditores de ciberseguridad. En la versión de Xcapit, agentes de IA despliegan 27 herramientas distintas e intentan por todos los medios vulnerar la infraestructura digital de una organización. Después, el equipo de especialistas de la empresa verifica los hallazgos y entrega un reporte con plan de remediación, que clasifica cada problema como en un semáforo: lo crítico, lo grave y lo que es una mejora deseable.
Trajtenberg lo lleva a un ejemplo doméstico: es como probar cada pestillo, cada cerradura y cada reja de la casa. Un pestillo roto en una banderola de 20 por 20 es algo a mejorar; un vidrio roto en la puerta principal es grave. “Hemos encontrado cuestiones como que puedas acceder a toda la información de las historias clínicas de un hospital, y modificarlas. Pensá si una persona que quiere hacer daño puede cambiar, por ejemplo, un diagnóstico”, advierte.
La diferencia está en los tiempos y en el precio. Lo que antes llevaba dos semanas o más ahora se resuelve en un día. El costo es una décima parte del de una auditoría tradicional, que ronda entre US$ 15.000 y US$ 50.000. “Pensá en qué pyme del país hay US$ 50.000 de presupuesto para auditar la seguridad de su infraestructura digital”, plantea. Para mostrar el riesgo cuenta el caso de una cervecería artesanal a la que le hackearon todo, recetas, facturación y remitos incluidos, y quedó sin poder producir ni vender. El esquema combina “lo mejor de los dos mundos”, dice Trajtenberg: “gente y agente”. La empresa ya está certificada en ISO 27001 y trabaja en la certificación ISO 42001, la norma de gestión de sistemas de inteligencia artificial.
Ayuda humanitaria con un Nokia 1100
La relación con UNICEF lleva más de cinco años, y su último gran proyecto mantiene a Xcapit dentro del portafolio de innovación del organismo y entre los proveedores de Naciones Unidas. Se trata de Shelter, una infraestructura de distribución de ayuda humanitaria que ya se implementó en Kenia, Perú, Malawi y Venezuela.
El punto de partida es un dato duro. “Poco más de 2.000 millones de personas en el mundo carecen de acceso a internet estable o a un smartphone. El viejo Nokia 1100 sigue siendo el pan de cada día de una enorme mayoría de la población en África y el sudeste asiático”, explica el CEO. Organizaciones como UNICEF o Save the Children cargan a los beneficiarios en la plataforma, y cada número de teléfono pasa a ser la llave de una billetera cripto. A esa billetera llegan los fondos, ya sea en stablecoins o como vouchers. Para operar alcanza con tres comandos por SMS: gastar, chequear saldo y enviar.
El caso más extremo fue un piloto en una zona rural de Nairobi, sin energía eléctrica, con 54 personas con discapacidades cognitivas severas que no tenían teléfono. “Había un solo Nokia 1100 para las 54. Metían el SIM, les llegaba el mensaje de que tenían una wallet creada y los fondos acreditados, sacaban el SIM y pasaba el siguiente”, relata. Con esos fondos compraron alimentos y elementos de higiene. En Malawi, en tanto, los vouchers digitales se canjearon por semillas y fertilizantes para huertas propias.
Todo queda registrado en blockchain, lo que permite auditar cada movimiento y, si los fondos no se usan o se desvían de su fin, devolverlos al contrato inteligente de origen. “No hay nunca pérdida del valor enviado”, subraya.
De las góndolas peruanas a los polos productivos de Córdoba
El resto del negocio son proyectos a medida en energía, retail, logística, distribución siderúrgica y auditorías físicas de stock. Uno de los más recientes es con Procter & Gamble en Perú, donde los mercados populares están repletos de pequeños locales y la compañía premia o penaliza a los comercios según cómo exhiben sus productos. Antes, cada auditoría la hacía una persona y demoraba entre una hora y una hora y media por local. Xcapit desarrolló una aplicación que funciona en teléfonos de gama media y baja: toma fotos, agrupa los productos, verifica si se cumple la exhibición y le indica al auditor cómo acomodar la mercadería. Hoy el proceso lleva menos de 15 minutos.
La expansión avanza en tres frentes. Dentro del país, la empresa lleva su oferta a polos productivos del interior cordobés como Río Cuarto, San Francisco, Marcos Juárez, Bell Ville, Río Tercero y Villa María. En Sudamérica, la nueva línea de activos ambientales, bajo el esquema de medir, certificar y monetizar, proyecta una segunda fase hacia Perú, Paraguay y Uruguay, apoyada en el proyecto desarrollado con EPEC. Y en Centroamérica, la misión comercial de Cancillería a República Dominicana, Costa Rica y Guatemala dejó acuerdos con distribuidores para OrchestAI y xNinja.
“Si ves Latinoamérica, lo más tentador a priori es Estados Unidos, México, Brasil o Colombia. Estos mercados son más chicos, pero tienen una capacidad de mejora infinita y quizás están medio abandonados por las empresas en general. Vemos una oportunidad bárbara”, sostiene Trajtenberg. “Me imagino profundizando vínculos con Centroamérica y la región para seguir creciendo, más allá de Argentina”.
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