Estoy muy cansado, jefe: cuando el desgaste no es personal, sino estructural (hoy es el Blue Monday, el día más triste)

Cada tercer lunes de enero vuelve a aparecer en agenda el Blue Monday, señalado como “el día más triste del año”. Pero lejos de ser solo un bajón estacional, la fecha funciona como un espejo incómodo de un malestar más profundo: el agotamiento que generan modelos de trabajo que ya no dialogan con la realidad actual.

En un contexto atravesado por la adopción acelerada de la inteligencia artificial, el retorno progresivo a la presencialidad y nuevas expectativas sobre el sentido del trabajo, la pregunta se vuelve inevitable: ¿el problema es el trabajo en sí o la forma en que está organizado?

Conceptos como burnout (estrés laboral crónico) y boreout (desmotivación por falta de desafíos) dejaron de ser problemas individuales para convertirse en señales claras de un fenómeno más amplio: la fatiga organizacional. No se trata de personas cansadas de trabajar, sino de estructuras que siguen funcionando con lógicas del pasado en un entorno completamente transformado.

La convivencia forzada entre tecnologías de última generación y esquemas laborales rígidos genera fricción. Y esa fricción se paga en productividad, compromiso y bienestar.

Según el informe “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, elaborado por WeWork junto a Michael Page, en Latinoamérica el 48% de los colaboradores trabaja bajo un esquema 100% presencial, mientras que un 35% asiste con mayor frecuencia a la oficina que hace un año. Sin embargo, 1 de cada 3 considera que la vuelta no fue organizada ni alineada con las necesidades reales de los equipos.

A nivel local, el escenario es más híbrido: casi la mitad de los trabajadores opera bajo un modelo mixto con políticas claras de presencialidad. El dato que enciende alarmas en RR.HH.: casi dos de cada cinco personas no aceptarían un trabajo que no contemple la modalidad remota, lo que confirma que la flexibilidad ya no es un beneficio, sino un factor decisivo de carrera.

La irrupción de la IA aceleró esta tensión. Mientras la tecnología automatiza tareas repetitivas y promete eficiencia, muchas organizaciones exigen volver a la oficina sin redefinir procesos ni objetivos. El resultado es paradójico: equipos que regresan a espacios físicos para repetir dinámicas pensadas para un mundo laboral pre-IA.

En Argentina, el 86% de los colaboradores cree que la inteligencia artificial puede mejorar la eficiencia en el trabajo presencial y casi 5 de cada 10 considera que podría ser más productivo usando herramientas basadas en esta tecnología. Sin embargo, el 45% afirma que su empresa aún no implementa soluciones de IA en el trabajo diario, mientras que el 82% manifiesta interés en recibir capacitación específica.

Oficinas con sentido (o el regreso pierde valor)

Para Diego Kexel, gerente general de WeWork Latinoamérica, el foco ya no está en volver o no a la oficina, sino en para qué: “Las oficinas dejan de ser solo un espacio físico al que volver y se convierten en un componente clave para redefinir la experiencia laboral. Su valor ya no está en concentrar horas de trabajo individual, sino en facilitar la colaboración, la creatividad y el intercambio de ideas. Cuando se replican esquemas tradicionales, el regreso presencial pierde sentido y profundiza la fatiga organizacional”.

Qué recomiendan las empresas que leen el nuevo escenario
Desde WeWork, compañía líder en espacios flexibles de trabajo, plantean algunas claves para que el retorno a la presencialidad no se convierta en un problema de clima interno:

  • Redefinir el rol de las oficinas, priorizando espacios de colaboración y toma de decisiones.

  • Impulsar esquemas flexibles, alineados a objetivos reales y no a controles de horario.

  • Integrar la inteligencia artificial para automatizar tareas repetitivas y ganar tiempo de calidad.

  • Capacitar a los equipos, achicando la brecha entre interés y adopción tecnológica.

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