Fernando Loza es ingeniero en sistemas, egresado de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Córdoba. Desde 2010 dirige la carrera de Higiene y Seguridad Laboral en Cervantes y tiene experiencia vinculada a la Secretaría de Trabajo, el Ministerio de Trabajo de la Provincia, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, gremios y actores del ámbito privado.
Desde tu experiencia, ¿cómo ves hoy la situación de la seguridad laboral en Córdoba y en el país?
Fernando Loza (FL): Yo lo dividiría en etapas. En Argentina hubo hechos muy dolorosos que marcaron un antes y un después. El incendio de República Cromañón, por ejemplo, generó una toma de conciencia masiva. Algo similar ocurrió en Paraguay con el incendio del shopping Ycuá Bolaños.
La Ley de Higiene y Seguridad existía mucho antes de esas tragedias, pero lamentablemente necesitamos que ocurra el desastre para reaccionar. Y eso no solo pasa en eventos masivos: sucede en industrias, en la construcción, en distintos ámbitos donde los accidentes pueden costar vidas.
Después de esos episodios, la necesidad de contar con profesionales en higiene y seguridad se volvió prácticamente obligatoria. En Córdoba, en los últimos 20 años, hubo un trabajo fuerte desde el gobierno provincial en materia de condiciones y medio ambiente de trabajo. También a nivel nacional hubo avances importantes.
Hoy las empresas entienden más la importancia de la prevención, aunque todavía queda mucho por hacer. El desafío es no esperar otra tragedia para tomar conciencia en materia de seguridad laboral.
En ese sentido, la seguridad debe planificarse: ¿Qué no puede faltar en un plan preventivo moderno?
FL: La higiene y seguridad es prevención, y la prevención implica gestión. Un plan moderno debe partir de un estudio organizacional profundo. No se puede intervenir sin comprender primero cómo funciona la organización.
Hay que analizar procesos, actores, recursos humanos, maquinarias, herramientas, cultura interna. Luego se realiza un diagnóstico: se evalúan los puestos de trabajo, se detectan debilidades y se diseñan propuestas de mejora.
Pero algo clave es trabajar con indicadores. Saber cómo estaba la organización antes y qué resultados se obtienen después de aplicar medidas. La prevención no es una acción aislada; es un ciclo de mejora continua. Cada año se revisa, se evalúa y se ajusta.
La seguridad no es reacción: es anticipación.
¿Qué diferencia a una formación profesional en higiene y seguridad de un curso corto?
FL: No existe la posibilidad de ejercer profesionalmente la seguridad solo con un curso. Los cursos sirven para actualizarse o para que determinados actores comprendan su rol. Pero formar a un profesional requiere una base integral.
En nuestra carrera el estudiante, desde el primer cuatrimestre, estudia organización empresarial para entender cómo aplicar la ley y sus decretos reglamentarios. Luego se abordan materias vinculadas a psicología laboral, sociología, administración, capacitación del personal, medicina laboral, enfermedades profesionales, prevención de incendios, higiene industrial y seguridad propiamente dicha.
El profesional debe comprender todo el ecosistema: empresario, trabajador, gremio, médico laboral, comisiones mixtas. La seguridad es interdisciplinaria.
Si tuvieras que resumir el desafío actual de la seguridad laboral en una frase, ¿cuál sería?
FL: Que dejemos de reaccionar ante el daño y aprendamos a anticiparnos. La seguridad no puede depender del recuerdo de una tragedia. Debe formar parte de la cultura organizacional.
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