Consultado sobre si realmente planea cobrar el uso del baño a bordo, O’Leary fue directo: “Sí”. Aunque aclaró que no lo haría por dinero “lo donaríamos a la caridad”, el objetivo de fondo es otro: deshacerse de ellos. “Tenemos tres baños. Si puedo quitar los dos de la parte trasera, puedo agregar seis asientos más”, explicó.
Según su cálculo, esos seis asientos adicionales permitirían reducir el precio de todos los tickets un 5% durante todo el año, un argumento que vuelve a poner sobre la mesa hasta dónde pueden estirarse los límites del modelo low cost para ganar eficiencia.
Pero la propuesta no termina ahí. O’Leary también defendió la idea de que algunos pasajeros viajen de pie. “Sí, es muy seguro”, afirmó, y detalló que el plan implicaría retirar las últimas diez filas de asientos para crear una especie de “camarote” con espacios de pie y asientos de temporada.
Los precios, fieles al estilo Ryanair, también buscan generar impacto: el espacio de pie costaría apenas 1 euro, mientras que el camarote tendría un valor de 25 euros. “Les garantizo que llenaremos primero el camarote de pie”, aseguró.
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