Lanzado a mediados del año pasado, el *910 llegó como parte de una estrategia para atacar uno de los delitos más extendidos: el robo de celulares. La lógica es directa: si el teléfono deja de servir, pierde valor en el mercado ilegal. Y si no hay negocio, el incentivo baja.
En la práctica, el sistema simplifica un proceso que antes dependía de cada operadora. Ahora todo arranca con una llamada: desde cualquier teléfono, incluso prestado, el usuario puede denunciar el robo o pérdida y activar el bloqueo. El dato clave es el IMEI —el “DNI” del dispositivo—, que queda inhabilitado en todas las redes del país. Traducido: aunque le cambien el chip, ese celular no vuelve a funcionar.
Ese punto marca la diferencia con esquemas anteriores, donde muchas veces solo se bloqueaba la línea y el equipo seguía circulando. Con el *910, el objetivo es cortar la cadena completa: del robo a la reventa.
Después del bloqueo, el usuario puede recuperar su número solicitando un nuevo chip. Y si el equipo aparece, existe la posibilidad de revertir la medida.
La línea es 100% gratis, y funciona 24/7.
Tu opinión enriquece este artículo: