Angkor (Asia)

(Especial revista El Galeón) El secreto que guardaba el sudeste asiático: una de las obras religiosas más impactantes hechas por el hombre sobresale en Camboya, un país cada vez más abierto al mundo.

Texto y fotografías: Andrés Burgo.

Mochila al hombro, entré en el reino de Camboya por donde ningún turista debería hacerlo: por el norte, a través de una frontera colgada en el mapa del sudeste asiático entre Prasat, en Tailandia, y O Smach, un pueblito camboyano al que el primer mundo le soltó la mano hace rato. O tal vez nunca se la soltó porque, sencillamente, nunca se la tendió. No sólo en O Smach, sino en toda la provincia de Oddar Meanchey me encontré con una escenografía desangelada que refleja lo que el imaginario social creía de Camboya en la década del ´80.
Camboya es un país en construcción, con rutas de tierra y decenas de carteles que advierten la presencia de minas antipersonas que todavía no fueron desactivadas. En O Smach no hay colectivos, así que alquilé una moto-taxi. Durante 50 kilómetros hice equilibrio entre pozos que eran cráteres lunares y llegué a un pueblo sin nombre en el que me colgué de la caja de una camioneta para recorrer otros 200 kilómetros y, entonces sí, vi el cartel de “Welcome to Siem Reap”. Y Siem Reap, lleno de sucursales cinco estrellas de los principales hoteles del planeta, también es la bienvenida a la Camboya moderna, al país que desde mediados de la década del ´90 comenzó a reintegrarse en el orden mundial.
Los años de espanto fraticida ya son pasado y, tras esa apertura, se develó una de las obras religiosas más alucinantes hechas jamás por el hombre: Angkor. Ubicado en la periferia de Siem Reap, este conjunto de monumentos religiosos ideados, trazados y construidos por el imperio jemer entre los siglos nueve y 15 después de Cristo, fue incluido por la Unesco dentro de su Patrimonio Mundial en 1992.

El mejor secreto de la selva
Para conocer el esplendor medieval de Camboya se multiplican las alternativas: por supuesto, son recomendados los tours oficiales con guías grupales o individuales, pero Angkor también puede ser recorrido por cuenta propia. Para ese caso, hay alquiler de taxis, de motos e incluso de bicicletas, que suponen una magnífica variante para dejarse perder entre cientos de templos durante los tres o cuatro días que se necesitan, como mínimo, para tener una buena idea del complejo arquitectónico diseminado en 200 kilómetros cuadrados.
Los edificios estuvieron ocultos por la selva del interior camboyano durante un par de siglos, y fueron descubiertos de casualidad en 1586. “Todo esto es de una semejante construcción que no es posible descubrir con un lápiz. Tiene unas torres y decoraciones tan refinadas que sólo el genio humano puede concebir. En el mundo no se han visto construcciones como éstas”, escribió el primer europeo que se maravilló con Angkor, el portugués Antonio de Magdalena. “El conjunto de ruinas más alucinantes del planeta”, definió en 2007 una revista de viajes europea.

Más grande que Nueva York
Dentro del gigantesco complejo, el tesoro arqueológico más iconográfico se llama Angkor Wat, el mayor santuario del mundo y el mejor conservado del área. El sitio fue construido en sólo 40 años en honor a las deidades hindúes, pero miles de monjes budistas -la religión predominante en Camboya- lo visitan cada día, siempre ataviados con sus túnicas naranjas. Durante 600 años, los monarcas gobernaron gran parte del sudeste asiático desde Angkor: la riqueza de la ciudad procedía del arroz y de la maestría con que construyeron un sistema hidráulico para asegurar ese cultivo.
En su apogeo, durante el siglo 13, Gran Angkor era el complejo urbano más extenso del mundo, con una superficie equivalente a los cinco distritos de la actual ciudad de Nueva York, y con una población de hasta 750 mil habitantes. Por eso, aun cuando el imperio desapareció casi de la noche a la mañana y la selva tapó a su capital, Angkor perduró como símbolo de la Camboya moderna.
Además de Angkor Wat, ese descomunal templo en cuya fachada se exhiben tres torres de hasta 70 metros de alto, visité el Fuerte de Angkor Thom, que encandila con sus 50 metros de altura y sus 170 rostros esculpidos en piedra; el Ta Prohm, un descomunal edificio fusionado con la jungla y la Pirámide de Baphuon. Todo Angkor configura un desafío a la credulidad. Hay que verlo para creerlo.

Una capital en paz interior
El viaje entre Siem Reap y la actual capital, Phnom Penh, es mucho más plácido que aquella incómoda bienvenida a Camboya por el norte subdesarrollado. Este trayecto se puede hacer en avión en menos de una hora, pero la ruta también está en buenas condiciones. En Phnom Penh vive un millón de personas y hoy es una ciudad cálida, tal vez no demasiado exuberante, pero acogedora y relajada. Por algo, los franceses la designaron como su lugar favorito en la época de la Conchinchina colonial.
El tiempo pasa rápido entre la calidez de la gente y las visitas obligadas: las cinco mil baldosas de plata en el piso de la pagoda del Palacio Real; el Museo Nacional, que alberga una colección muy interesante de la escultura de la era de Angkor; la costanera que serpentea junto a los ríos Tonle Sap y Mekong; el Santuario de Phnom Wat, donde la gente reza por su suerte, y el recuerdo del pasado oscuro en el Museo de Tuol Sleng, un centro de detención clandestino de la época del genocida Pol Pot. Este sitio resulta esencial para comprender cuánto avanzó Camboya en todo este tiempo.

Datos útiles
Pasajes:
Al no existir vuelos sin escalas entre Argentina y Camboya, hay que hacer escala en Bangkok, la capital de Tailandia, para llegar a Phnom Penh o Siem Reap.
La mejor época para ir:
Evitar marzo y abril debido al calor. Entre fines de mayo y agosto: no visitar templos más remotos.
Requisitos migratorios:
Pasaporte con validez de, al menos, seis meses desde la fecha de entrada al país. El visado de 30 días se obtiene en los aeropuertos internacionales y todas las fronteras terrestres, previo pago de 20 dólares y la entrega de una fotografía.
Paseos:
Los templos de Angkor, en las afueras de Siem Reap. Phnom Penh, la capital, considerada por los franceses la ciudad más hermosa de la Conchinchina colonial. Sihanoukville, la principal urbe costera del país que ofrece media docena de playas atractivas. Los templos de Prasat Preah Vihear, en el norte del país y cerca de la frontera con Tailandia, otra maravilla del imperio jemer, aunque de difícil acceso en la época de lluvias. Los templos de Preah Khan, el último de los impresionantes santuarios jemeres, también de acceso complicado (sólo para aventureros).
Compras:
En los shoppings de Phnom Penh y Siem Reap es posible adquirir artesanías de muy alta calidad. También exquisita seda, tejida a mano y teñida con colores naturales de vegetales y minerales, y esculturas de piedra.
Comidas:
Aunque no llega a la excelencia de otras cocinas asiáticas, la gastronomía jemer es interesante. El arroz, siempre presente, se come cocido o frito con pescado, marisco, pollo, cerdo o carne. Los platos con salsa amok, picante y agridulce debido al coco, constituyen otra especialidad. Para beber: buena cerveza y muchos jugos naturales.
Alojamiento:
Una habitación doble en un hotel cuatro estrellas cuesta aproximadamente 100 dólares cada noche. En un cinco estrellas, entre 150 y 200 dólares.

Tips y curiosidades
- Con 750 mil habitantes, Angkor fue la ciudad más grande del planeta.
- Nadie sabe a ciencia cierta cómo desapareció una civilización con tan alto grado de cultura como la jemer.
- Cuando se visitan templos de lugares remotos, no hay que abandonar los senderos marcados, pues el suelo esconde numerosas minas antipersonas, recuerdos de las guerras que asolaron al país durante muchos años.

Contactos
Códigos de área telefónicos:
Camboya: 855. Phnom Penh: 023. Siem Reap: 063.
Hospitales:
Phnom Penh: SOS International Medical Center, 161 Ph 51. Tel. (023) 216-911.
Siem Reap: Naga Medical Center, 593 NH6 West. Tel. (063) 380 344.
Policía:
Phnom Penh: Ph 92, esquina Wat Phnom. Tel. (023) 366-841.
Siem Reap: National Highway 6, esquina Phlauv Sivatha. Tel. (063) 969 991).

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