Luego del tsunami que dejó miles de muertos y desaparecidos y destruyó la central de Fukushima, a nadie sorprendió que Alemania fuera una de las primeras naciones en anunciar que la energía nuclear no era opción de generación futura.
El país que comanda Ángela Merkel renunciará completamente a la nuclear en ocho años y la opción pasa por las energías renovables.
La noticia viene a cuento de que esta semana se conoció que el país teutón logró un record en generación de energía renovable: la economía alemana obtiene 29% de la electricidad que consume de fuentes "verdes": solar, hídrica, eólica y la proveniente de madera y otras biomasas.
En algunas "provincias" de ese país, como el Estado de Brandenburgo, vecino a Berlín, el 78% de la electricidad proviene de turbinas eólicas, paneles fotovoltaicos y biomasa.
¿Cuál fue la clave para cambiar la matriz energética alemana? Los incentivos económicos.
Un factor clave de la llamada revolución alemana (Die Energiewende), es un sistema de pago a los productores individuales de energía solar y eólica (feed-in-tariff), que se introdujo por ley en el 2000 y que garantiza una tarifa relativamente elevada y fija.
Después de la aprobación de esa ley, la capacidad instalada de electricidad solar aumentó de 114 a 36.000 megavatios, y la eólica de 6.000 a 35.000 megavatios, a fines de 2013.
El plan oficial prevé que la participación de las fuentes renovables alcanzará en 2020 a 35 por ciento del consumo de electricidad en Alemania y que trepará a 80 por ciento en 2050.
En tiempos en que en nuestro país la autosuficiencia energética dejó de ser una realidad y donde se elige subsidiar el gas de quien vive en Puerto Madero en lugar de quien decide optar por las energías "verdes" - instalar un panel fotovoltaico para un termotanque de 180 litros cuesta hoy casi $12.000 - tener a mano el ejemplo de la revolución alemana viene muy bien ¿no?
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