Kuala Lumpur (Asia)

(Especial El Galeón) Con sus elevadas Torres Petronas, esta ciudad crece a pasos agigantados convirtiéndose no sólo en uno de los principales atractivos turísticos del sudeste asiático, sino también en ejemplo de vanguardia a nivel mundial.

Texto y fotografías: Pablo Sigismondi (geógrafo).

Kuala Lumpur, la ciudad más próspera y poblada de Malasia, atraviesa una bonanza sin par que sorprende desde el primer momento. Construcciones ultramodernas emergen desde la espesura y belleza de la vegetación tropical, entre embriagadores aromas a inciensos y especias, propios del Lejano Oriente. Acompañado por la sonrisa siempre afable de sus cosmopolitas habitantes, el viajero puede descubrir, bajo la influencia cultural y religiosa del islam, los vestigios de un rico pasado histórico en fascinante encuentro con el vertiginoso presente. Así se entremezclan rascacielos de fama mundial con un servicio de transporte que vuela sobre las calles, para dejar embobados y pensativos a quienes andan por la ciudad. Aquí se respira armonía, sentido de la estética y buen gusto.

Con sólo poner un pie en el aeropuerto de Kuala Lumpur, me dí cuenta de que había llegado a un destino que, corriendo contrarreloj, avanza pujante y velozmente hacia un puesto de vanguardia a nivel mundial. La gigantesca estación aeroportuaria me deslumbró por su ultramodernidad, a tal punto que está considerada una de las mejores del planeta. Suntuosos corredores y gigantescos ventanales logran humanizar, al mismo tiempo, esa arquitectura descomunal y futurista. Tras 26 horas de viaje desde Argentina, estaba confundido. Había partido el domingo ¡pero ya era martes! Claro, aunque debía ser recién lunes, al atravesar 11 husos horarios -y en sentido contrario al movimiento de rotación del planeta- en realidad había sumado 11 horas más.
Sin embargo, recién allí empezaba mi periplo. Un tren de alta velocidad me transportó luego hasta el centro, a 75 kilómetros al norte, en tan sólo 28 minutos. Y, cuando amaneció sobre Kuala Lumpur, enseguida quedó claro que esa metrópoli se trata de una ciudad en ascenso, que construye torres, hoteles y oficinas entre trenes elevados, puentes y autopistas que parecen mirar a un futuro lejano y cercano a la vez. Miles de recién llegados siempre se asombran, y no es para menos: Kuala Lumpur dejó de ser una capital provinciana para convertirse en una de las principales mecas turísticas del sudeste asiático.
Entonces, como absorbido ya en la vorágine urbana y en busca de más, abordé el monorrail en la estación KL Sentral, mientras contemplaba en el horizonte la inconfundible silueta del icono urbano que acompaña siempre al viajero, esté donde esté: las Torres Petronas. El monorrail resulta veloz, perfecto en sus horarios y preciso en su lugar de detención. Durante el viaje en él me transportó a la infancia, cuando veía a aquellos dibujos animados llamados Los Supersónicos. Dotado de aire acondicionado, este monorrail me dio el primer paseo, a 15 metros de altura sobre las autopistas, como volando entre las zonas de mayor interés turístico. Sin dudas, ese moderno sistema recientemente inaugurado resulta otra señal de la transformación rápida y vertiginosa de Kuala Lumpur. A medida que el medio continuaba abriéndose paso en la “selva urbana”, la exuberancia de la vegetación tropical se entremezclaba con torres de cristal y acero. En tanto, abajo, en las veredas, los coloridos atuendos de las mujeres parecían puntos desplazándose en el aire.

¿Cuál es la fórmula del éxito?

Mi amigo Seri me esperó pacientemente, mientras yo deambulaba boquiabierto. Cuando llegué al punto de encuentro y le conté mi itinerario, me comentó: “A todos nuestros visitantes les sucede algo parecido, pocos imaginan lo que es KL” (las iniciales en inglés de Kuala Lumpur, tal como a ellos les gusta llamar a su ciudad). “Para nosotros, da lo mismo que nuestras vestimentas no sean iguales; que nuestros templos se llamen pagodas, mezquitas o iglesias y que nuestras caras lleven los inconfundibles ojos orientales y las mujeres estén ataviadas con el purdah o pañuelo islámico; o que luzcan la piel bronceada de los hindúes pintados con el bidi. Lo que los malayos árabes, chinos o hindúes siempre demostramos es un inconfundible orgullo por la ciudad que hemos construido en apenas una generación. Nuestros padres percibieron que podían hacer convivir la tradición de una cultura milenaria y, a su vez, abrirnos paso a la modernidad más exquisita y desafiante. En eso estamos, y vamos por más: ahora nos encontramos levantando una ciudad nueva, en medio de la selva, donde ya hemos trasladado parte del Gobierno. Se llama Putrajaya, y deberías visitarla”, me dijo Seri. “La próxima vez que venga ya estará terminada e iré”, le contesté.

Símbolo malayo

Las siluetas de las Torres Petronas, sedes de la compañía nacional de petróleo y obra del arquitecto tucumano César Pelli, resultan un icono. El guía Lim, mientras estábamos a sus pies y mi vista se perdía en lo alto, me contó: “Sus dos torres fueron inspiradas en los minaretes de las mezquitas y se alzan a 452 metros, en 88 pisos. Sus cúpulas están coronadas -en cada torre- con una gigantesca bola que se sostiene en 14 caños curvos. Éstos representan la unidad de los 13 estados y el Gobierno Federal de Malasia”. Majestuosas, le otorgan a la urbe su identidad futurista sin alterar la armonía oriental. Después, ascendimos gratuitamente hasta el piso 40, donde el puente Skybridge (significa “puente del cielo”) une los anillos de ambas torres, permitiendo caminar entre nubes.
En tanto, en la calle Jang Lekir, los platos callejeros llenos de sabores y colores me deleitaron la vista y el paladar. Nos detuvimos con Seri a comer el popular satay, esa carne a la parrilla muy condimentada. Mi amigo dijo: “Kuala Lumpur no brinda un buen panorama a los peatones; hay demasiada humedad y calor”. A decir verdad, yo en ese momento estaba bañado en sudor, de allí que con Seri nos refugiamos en uno de los lujosos centros comerciales de la ciudad: Bukit Bintang Plaza, donde los productos electrónicos de primer nivel me deslumbraron.

El origen está en el barro

Tiempo después, mientras viajábamos hacia las cuevas de Batu, distantes a 14 kilómetros de la ciudad y una de las atracciones malayas más impresionantes, Seri afirmó: “Más de la mitad de nuestra población es musulmana, por eso la mezquita Jamek (o Masjid Jamek) es el símbolo más importante de nuestra cultura. Fue construida en 1909 y presenta reminiscencias de los antiguos moros”. La elegancia de sus cúpulas contrastan con los rascacielos de fondo.
En el siglo 21 bien puede decirse que Kuala Lumpur le demuestra al mundo que logró ascender a la cima de las ciudades más prósperas. Sin embargo, esta urbe también es rica en historia. La presencia islámica en el lugar data del siglo 11, cuando los mercaderes árabes llegaron a comerciar y, de paso, islamizaron la región y aún más. Esos lazos con el islam se profundizaron por tratarse de un punto neurálgico del comercio entre China, India y Arabia. A su vez, los primeros europeos que llegaron a estas tierras fueron los portugueses, hacia 1510. Luego, arribaron los holandeses y, en 1795, la zona pasó al poder británico. En 1818, la actual Malasia volvió al dominio holandés hasta que, en 1826, fue intercambiada con los británicos por Sumatra. En tanto, en 1857, un grupo de chinos que buscaban yacimientos de estaño fue a parar a una enlodada confluencia, que en chino se dice kuala lumpur. En ese cruce de los ríos Klang y Gombak, un sitio sucio y barroso, fueron descubiertas considerables cantidades de estaño. A pesar de que la mayoría de los chinos murió de malaria, la atracción por el mineral dio origen al asentamiento de los primeros pobladores de la zona a fines del siglo 19.
Tras enfrentamientos que llegaron a reducir a la naciente población en cenizas, los británicos impusieron su ley y su ferrocarril. En 1896, la ciudad devino en capital de la reciente Federación de Estados Malayos y desde 1957, cuando el país obtuvo su independencia, se convirtió en la capital de la Federación. Aunque en ese entonces la producción minera decayó rápidamente, Kuala Lumpur no detuvo su incansable progreso. En 1974 la ciudad se transformó oficialmente en territorio federal.
Por lo tanto, habrá que enfocar la mirada en la cultura malaya y en su ahínco por el estudio, el esfuerzo y el trabajo. Una fórmula que, repetida, en esta ciudad tuvo gran éxito.

Hoja de viajero

Pasajes:
Se puede volar directamente a Kuala Lumpur desde Buenos Aires, con escalas en Ciudad del Cabo y Johannesburgo (Sudáfrica).
La mejor época para ir:
Desde Navidad hasta fines de febrero, cuando las precipitaciones son menores. También durante la celebración del Año Nuevo chino.
Requisitos migratorios:
Pasaporte con validez de, al menos, seis meses desde la fecha de entrada al país.
Paseos:
Visita a conocidos sitios y edificios: Sultan Abdul Samad (41 metros ); Parlamento; estación de ferrocarril (edificio de estilo islámico); Chinatown (Jalan Petaling, Jalan Sultan y Jalan Bandar); La Pequeña India; Datran Merdeka (Plaza de la Independencia); Masjid Negara (Mezquita Nacional) y Masjid Jamek (Mezquita del Viernes). Conocer los templos de Sri Mahamariamman (hindú), Sze Ya (taoísta) y el templo Sikh. En el barrio de Kampung Baru: paseo por sus calles con tradicionales casas de madera malayas.
Compras:
Hay todo tipo de tiendas: desde los enormes centros comerciales con aire acondicionado hasta mercados callejeros. Productos: batik (pintura o dibujo sobre algodón, terciopelo o seda); sonket (textil realizado a mano con oro y plata); broches, cinturones, joyeros, platos, copas, cubiertos, anillos y una infinidad de artículos hechos en plata.
Comidas:
Numerosa oferta. Se puede elegir entre lujosos restaurantes o, si se prefiere, entre puestos callejeros muy higiénicos. La comida malaya es rica en especias y picantes: nasi (arroz al vapor con pescado, pollo o carne y coco); tahu goreng (cubitos de soja fritos); gado gado (ensalada de vegetales); laksa (sopa picante); nasi lemak (arroz cocido en leche de coco); gula melaka (caña de azúcar y leche de coco); kacang (jarabe, hielo picado más trozos de gelatina y de frutas); durian (fruta nacional).
Alojamiento:
Los hoteles de lujo llegan a rebajar las tarifas durante las promociones (fuera de los días festivos) hasta un 50 por ciento. Los mejores se concentran en el llamado Triángulo Dorado.

Tips y Curiosidades

- Es aconsejable subir a los miradores de las Torres Petronas (170 metros) o de la Torre Menara (a 276 metros).
- Otro evento imperdible es el cambio de guardia del palacio Istana Negara.
- Sorber un té burbujeante o un batido de mango en el Sixty Nine Bistro.
- Normalmente, los letreros y señales informativas están escritos en inglés, chino y malayo.
- Malasia posee clima tropical todo el año: cálido y húmedo, con noches agradables. Temperaturas anuales: entre 25º C y 33º C. Humedad media: ronda 80 por ciento.

Contactos
Código de área telefónico:
0060.
Hospital de Urgencias:
Jalan Ipoh 115-119. Tel. (03) 4043-4900.
Policía:
Tel. 999. Policía de Turismo: Tel. (03) 2146-0522.
Embajada de Malasia en Argentina:
Buenos Aires: Villanueva 1.040. Tel. (011) 4776-0504.
Internet:
www.tourism.gov.my

Kuala Lumpur
Capital administrativa de Malasia: Putrajaya.
Idioma oficial: malayo (bahasa).
Forma de gobierno: monarquía constitucional rotativa.
Superficie de Malasia: 330.442 km2
Población total: 26.767.000 habitantes.
Moneda: ringgit.
Horario: + 11 ó + 12 horas que Argentina, según la época.
Vacunación: no es obligatoria ninguna vacuna.

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