Los ácaros son pequeños arácnidos invisibles a simple vista (miden de 4 a 8 micras). Se alimentan de las escamas humanas y animales (un adulto desprende alrededor de 1,5 gramos de escamas o piel muerta a diario, con lo que puede alimentar a unos 100.000 ácaros).
Los ácaros son inofensivos, pero tremendamente alérgenos, convirtiéndose en responsables de la mayor parte de alergias respiratorias. La frase comúnmente utilizada “alergia al polvo” en realidad no lo es, pues son los ácaros los culpables.
Su lugar preferido es la cama, sobre todo los colchones, por lo que los síntomas de las alergias se presentan principalmente durante la noche. También habitan peluches, alfombras, frazadas, o cualquier objeto textil y se desarrollan, en general, en ambientes cálidos y húmedos.
El moho, por su parte, es propio de hogares húmedos, con poca luz, filtraciones, poco soleados o ventilados, y se sitúa habitualmente en ropa, zapatos y otros objetos de piel guardados en armarios.
Cuando la concentración es grande, se crean las típicas manchas de humedad, que se manifiestan en paredes, cortinas del baño, en los marcos de las ventanas y en los sótanos húmedos.
El moho es el más peligroso de los hongos, por ser una de las principales causas de alergias.
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