Bruta, una empresa que apuesta a la innovación circular creando muebles y objetos a partir del vidrio recuperado

Bruta nace de la necesidad de crear un objeto a partir de un material propio, inventado por la marca, que tenga diseño real y que no sea simplemente reciclaje disfrazado de producto.

A partir del terrazo con vidrio recuperado, un material que Bruta desarrolla y controla de punta a punta, crea objetos y muebles circulares.

Lejos de ser una técnica de upcycling básico, o de cortar una botella y convertirla en maceta, se trata de fabricar objetos y muebles como mesitas, estanterías y posavasos con valor de diseño real, hechos con un material que en su composición lleva vidrio descartado.

En esta innovadora propuesta la sustentabilidad no termina en el material de entrada. Es también una decisión de diseño que atraviesa todo el ciclo de vida del objeto: pensar piezas con la mayor vida útil posible, que puedan desarmarse en lugar de romperse como un bloque único Y si una parte se daña, se pueda reemplazar sin descartar la pieza completa. Incluso el material recuperado del taller puede volver a transformarse en otro objeto.

“La mirada sustentable no se agota en "usamos material reciclado": está en cómo se diseña para que ese material, y el objeto que genera, tengan el ciclo más largo y menos desperdicio posible”, explica Juliana Rodríguez Moreau, una de las creadoras de la marca junto a Facundo Rodríguez Moreau y Nicolas Josué García.

El diferencial de Bruta está, primero, en la innovación del material en sí: no reutilizan vidrio como elemento decorativo aislado, sino que lo integran como componente estructural de un material nuevo, el terrazo propio de la marca. Trabajan con una proporción de vidrio recuperado en la mezcla del 80% que no se ve en otras propuestas del mercado.

El segundo eje es la versatilidad de aplicación. La marca no se limita a un tipo de objeto sino que diseñan desde piezas pequeñas y de decoración hasta muebles de mediano y gran porte, y el material tiene potencial para escalar a mesadas, revestimientos y aplicaciones para la construcción. “Al ser un material tan versátil, el límite no lo pone la técnica, sino la idea que traiga el cliente”, señala Juliana.

La proporción de vidrio recuperado en la mezcla de terrazo de Bruta es de un 80%, es decir que el volumen de vidrio por pieza es considerable incluso en objetos chicos. Algunos ejemplos concretos: Una mesita con una tapa de 30 centímetros de diámetro por 1,5 centímetros de espesor, apoyada en patas de 60 centímetros de hierro recupera 5 botellas de vidrio, unos 2,5 kg.

En el caso de una mesada estándar de menos de 2 metros por 60-70 cm, se recupera hasta 150 botellas. Y en el de una mesa redonda de 1 metro de diámetro para 4 personas  serecupera unos 30 kg de vidrio, aproximadamente  unas 60 botellas.

En piezas de mayor escala como mesadas, revestimientos, muebles a medida el volumen de vidrio recuperado crece de forma proporcional, lo que convierte a cada encargo grande en un aporte real de reciclado, no solo simbólico.

“En nuestra propuesta la base es el vidrio recuperado, pero el impacto va más allá del material en sí. Bruta armó su propia red de recolección: vecinos, familiares, amigos y gente del barrio que antes tiraba el vidrio a la basura ahora lo separan para dárselo a Bruta”, señala Juliana. Se trata de una alternativa que no compite con la recolección de reciclables de la Municipalidad, sino que la complementa, sumando un circuito de recuperación de vidrio que antes no existía en esos hogares.

Versatilidad y prestaciones técnicas. El terrazo se adapta a múltiples aplicaciones como objetos, mobiliario, mesadas y revestimientos brindando buenas prestaciones térmicas y estructurales. Además resiste bien la intemperie, la humedad y el agua, aunque ese comportamiento depende también del tratamiento y sellado que reciba cada pieza.

En lo económico el vidrio es gratis pero llega a ser terrazo terminado después de un proceso largo y enteramente manual: la botella se lava por dentro y por fuera, se rompe, se muele, se tamiza en distintas granulometrías, se arma la mezcla, se fabrica el molde y se cuela la pieza. Una vez que fragua, después de varios días, todavía falta desbastarla (sacarle unos 3 milímetros de espesor) y pulirla en siete pasos de lijado hasta que quede terminada.

Esa cantidad de etapas manuales es la razón por la que la mano de obra representa aproximadamente el 80% del valor del producto. Lo que lleva no es un costo de materiales, sino el tiempo y el oficio que lleva cada pieza. Es un proceso artesanal que se va tecnificando de a poco, sin perder el carácter hecho a mano. Cabe señalar que en lo social todo el proceso ocurre en un taller propio, con trabajo manual y calificado que no se terceriza, y sostenido en parte por esa red vecinal de recolección que también genera un vínculo de comunidad alrededor de la marca.

En cuanto a los logros de este año en Bruta destacan haber llegado a más clientes de lo esperado, interesados en el proceso y con ganas de apoyar el emprendimiento. “Recibimos consultas de personas de Argentina y de otros países de Latinoamérica, que quieren replicar la idea y armar su propio emprendimiento con vidrio reciclado”, destaca Juliana.

Para esto crearon Escuelita, cursos que brindan conocimientos para transmitir el proceso técnico y de negocio a quien quiera aprenderlo. “Más que un logro de ventas, es un logro de "contagio": generar impacto real multiplicando el hábito de recuperar vidrio, no solo dentro del taller sino en cada persona que se suma a hacerlo”, agrega la emprendedora.

El desafío que tienen es seguir creciendo, tecnificando el proceso para hacerlo más eficiente sin perder el carácter artesanal, potenciar la capacidad productiva del taller, diversificar los productos más allá del catálogo actual, y generar más empleo genuino a partir de eso.

 

 

 

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