Desde hace dos años, el BIQ (Bio Inteligent Quotient) se autoabastece con los microorganismos que se cultivan dentro de paneles de vidrio sellados (similar a un DVH) contenidos en un marco de aluminio.
Ese biorreactor, lleno de agua y con una gran concentración de algas dentro, capta el hidrógeno que ellas producen en el proceso de fotosíntesis cada vez que son bañadas por la luz del sol.
Las dos fachadas del edificio con mayor incidencia solar tienen una segunda capa exterior conformada por estos contenedores transparentes que crean un ambiente controlado para que las algas trabajen.
Los biorreactores también pueden reemplazar a un colector solar térmico para generar agua caliente, según señala un artículo del diario Clarín.
La fachada recoge una parte de la luz que no es absorbida por las algas para la fotosíntesis y que se convierte en calor. Esa energía se puede utilizar en forma inmediata para calentar agua (para consumo y calefacción) a través de un intercambiador. O bien se podría almacenar bajo tierra utilizando intercambiadores de calor.
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