La capacidad instalada de biodiesel en la Argentina pasó de 130 mil toneladas en 2006 a 2,48 millones el año pasado y llegaría a 3,1 millones este año, según un informe difundido esta semana por la Bolsa de Comercio de Rosario.
Apenas una parte de esa producción queda en el mercado interno para el corte obligatorio con los combustibles fósiles y el resto se exporta. Pero desde fin de año empezaron a sonar las alarmas en algunas empresas en relación a las ventas externas. ¿La razón? La Unión Europea endureció su legislación referida a buenas prácticas vinculadas con el límite de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sobre los biocombustibles en comparación con el gasoil. Para el caso del biodiesel el ahorro total de GEI debe ser del 35% desde diciembre y llegará al 57% en 2017.
Las luces amarillas se encendieron luego de que la UE calculara que el ahorro de los biocombustibles derivados de la soja es del 32%.
Para medir ese ahorro, se utiliza lo que se conoce como “Huella de Carbono”, un indicado que cuantifica la emisión de gases que favorecen el calentamiento global en toda la cadena de producción de un bien.
Para muchos, esto podría funcionar como una barrera para un negocio que facturará unos 1.200 millones de dólares este año.
“En Argentina la producción de soja llega hasta Jujuy, Formosa o Chaco, lejos de los centros de crushing en el Gran Rosario. Es decir que para trasladar el poroto hay que usar camiones y esto va en detrimento de una producción ecológica. Vamos a tener problemas si no se toman medidas”, advirtió un productor del sudeste cordobés que explota campos en el norte de Santiago del Estero.
Pero el coordinador del Programa Nacional de Bioenergías del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Jorge Hilbert lo niega con datos objetivos.
“Estamos por debajo de los límites que aprobaría la Comunidad Europea para los próximos años, así lo demuestran nuestras investigaciones”, le dijo a InfoNegocios.
Para el Inta, no se perderán ventas por la Huella de Carbono
Según el estudio encarado por el Programa Bioenergía, gracias a la siembra directa Argentina no tendrá problemas con esta barrera paraarancelaria.
“Ese método posee menor emisión de GEI por tonelada producida respecto a la labranza convencional, para cualquier tipo de región climática y cultivo. Incluso en el caso de áreas severamente degradadas la siembra directa resulta una práctica que “captura” carbono en suelos”, subrayó Hilbert.
Según los análisis, en el sudeste de Buenos Aires las reducciones en el orden GEI del 73,2 % en el consumo de energía frente al diesel convencional. En el norte bonaerense y sur santafesino la reducción llego al 77,4 %.
En tanto que la menor emisión de GEI fue en el sur de Córdoba (0,0464 Kg CO2 eq/km). “comparativa y porcentualmente con el diesel convencional, sus reducciones en la emisión de GEI son del 76,5 %.”, apunta el especialista.
Pero las largas distancias de los campos al puerto tampoco ponen en riesgo las ventas vernáculas, según el Inta.
“Se analizó el escenario de Las Lajitas, en Salta, y se observó el mayor consumo de energía en la Fase de Transporte (0,1328 MJ/km). En comparación, en Pergamino (Buenos Aires) se dio el menor consumo de energía en la Fase de Transporte (0,0290 MJ/km). Sin embargo, y de acuerdo a estos resultados el biodiesel argentino de cualquier procedencia superaría los requisitos establecidos por la Unión Europea en su directiva específica sobre el tema”, sostuvo.
Un dato sirve para marcar la importancia del mercado europeo, el destino de casi la mitad de las exportaciones del biodiesel argentino: para el 2020, la Unión Europea marcó como objetivo que el 10 por ciento de los combustibles que utiliza todo el transporte deberá provenir de energías renovables. Hoy es la quinta parte.
Glosario: La eficiencia energética se mide en MJ (mega-Joule) por kilómetro. Por ejemplo, el diesel contiene 38.7MJ por litro, la nafta 34.6MJ por litro y el biodiesel 30.5MJ por litro.
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