Cambiemos arrasó en Córdoba y tiene abierta la gobernación para 2019: ¿Baldassi o Mestre de 9?

No hubo sorpresas en Córdoba, la más amarilla de las provincias argentinas, por anti K más que por convicción Pro. Baldassi desnudó en su discurso de ayer todo lo que es: un tipo piola, simpático, recién llegado a la política. De la Sota fue el más vivo de Unión por Córdoba: se metió a boxes hace rato. Schiaretti le pone el pecho a las balas. Beto Beltrán y García Elorrio, quizá, le dieron una banca a Carro y la izquierda hizo lo que mejor sabe: dividirse para no reinar jamás.


 

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Cambiemos se quedó con las ganas de mostrar un 50% en Córdoba, pero su 48 y pico le da plafón más que suficiente para pensar que “sí, se puede” ganarle la provincia a Unión por Córdoba, el “PRI” de comechingonia.

En el discurso de Baldassi, anoche, se vio casi todo: que el exárbitro es bueno, un recién llegado a la política y -varias veces- se come las eses. Y se vió en los cánticos que la UCR no le va a hacer fácil al Pro imponer su candidato a 2019. Visto desde afuera, poner a Baldassi hoy frente a UpC en una elección por gobernador suena osado. Mestre parece mejor candidato a ponerse la 9 para conectar un gol que -sólo por ahora- parece fácil de hacer.

Unión por Córdoba hizo mutis por el foro, siguiendo al más vivo de los peronistas mediterráneos, el ahora emprendedor de la moda José Manuel de la Sota. Schiaretti tenía claro que el aluvión amarillo era imparable y ahora le pone el pecho a la siguiente pelea: que Córdoba no pierda más todavía en la desigual repartija nacional donde siempre gana el puerto y su conurbano.

Pablo Carro hizo el negocio de su poca conocida vida política: sacó a bailar a la más fea y se metió en la Cámara de Diputados.

García Elorrio, Beto Beltrán y la izquierda dividida se llevaron 12 puntos inconducentes al momento de hacer historia. Los dos primeros -puede leerse- fueron funcionales al kirchnerismo o UpC. La izquierda siempre se divide: esa es su función histórica antes de llegar al poder y -sobre todo- cuando llega al poder (si antes no se convierte en stalinismo, claro).

En Córdoba empezó todo, suele decir Macri. Y Córdoba estuvo en el tono amarillo subido que mostró ayer un país que se entusiasma -otra vez- con empezar a ser el sueño que nunca supimos concretar.

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