Ilhabela, un enclave de diseño y buen gusto.
El día no ayudó. O sí. Una llovizna pertinaz nos acompañó desde la mañana durante el desembarco en lanchas a Ilhabela, un remanso de naturaleza, mar y playas a ambos lados de la bahía de San Sebastián que el Costa Victoria recorre casi a tientas. A sólo 200 kilómetros de la gigante San Pablo, Ilhabela podría parecer un poblado más en el enorme litoral atlántico de Brasil, pero seguramente su cercanía con la principal ciudad del Cono Sur la sofisticó: desde los bares a las tiendas de regalos, incluyendo las calles y la costanera sobre la marina incluyen objetos de diseño y arte que nos recuerdan que -además de todo lo otro- Brasil es uno de los países más grandes y ricos del mundo. Luego de unas horas que parecen pocas para demorarse en las callecitas y tiendas de Ilhabela, el Costa Victoria nos llama con su vozarrón a bordo. Perfilados hacia el sur, empezamos el regreso que -tras 48 horas de navegación- nos llevará a Punta del Este. La vida a bordo transcurre despreocupada y feliz.
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