Bath (Inglaterra)

(Especial El Galeón) La señorial ciudad de las termas romanas y los recuerdos de Jane Austen invitan a recorrer sus calles discretas y elegantes, sus museos llenos de vida cultural y los bucólicos paisajes, entre ríos y puentes rodeados de verde inglés.

Texto: Graciela Cutuli. Fotografías: gentileza de Visit Bath Image Library.

Georgiana en la arquitectura, victoriana en el acento y romana en el alma. Son las tres identidades de Bath, la encantadora ciudad del sudoeste inglés que desafía la bruma de la región y surge, como una creación de arte y piedra, cerca del famoso Puente de Pulteney, que cruza el río Avon (no el Avon de la shakesperiana Stratford-upon-Avon, sino Avon “de Bristol”, como suele decirse para diferenciarla).

Llegamos, cerca del mediodía, en un típico día entre lluvioso y soleado. Gran Bretaña, finalmente, es fiel a sí misma. Atrás quedó Windsor y atrás quedaron las imágenes de las aristocráticas damas emperifolladas, vestidas con raros sombreros, que iban rumbo a las carreras de Ascot. Estamos a las puertas de una elegante ciudad de piedra y nos preguntamos qué habrán pensado los romanos, hace dos mil años, cuando arribaron a las tierras de Britannia desde el cálido Mediterráneo. Otro mundo pero, al fin y al cabo, capaz de los mismos placeres. Es que Bath no tardó en hacerse conocida y en convocar a visitantes desde tiempos remotos, gracias a las saludables propiedades de sus aguas termales. A ellas, no resulta difícil adivinarlo, les debe el nombre. Esto tal vez parece poco elegante, pero inequívoco.

Aquae Sulis
Bath fue fundada por los antiguos celtas en el lugar donde surgen las únicas aguas termales de Inglaterra. Naturalmente, el pueblo se centraba en el culto a Sul, la diosa de los manantiales. Cuando los romanos conquistaron el territorio adoptaron el culto a Sul por su semejanza con su diosa Minerva. Así, establecieron un complejo de baños y un templo en torno a las termas, que bautizaron con el nombre de Aquae Sulis o las Aguas de Sul. Dos mil años después, con el latín ya olvidado por el inglés, su encanto nos sigue fascinando, sobre todo cuando se iluminan en los atardeceres del verano boreal.
Las aguas termales de la ciudad se deben al agua de lluvia, que se filtra hasta grandes profundidades y adquiere temperatura gracias a la energía geotérmica. Cuando ya está caliente, la propia presión la hace subir a la superficie, a través de las fisuras terrestres. El complejo levantado por los romanos que hoy vemos prácticamente intacto en el centro mismo de Bath, aunque ya no está habilitado para el uso termal, tenía tres edificios: el caldarium, dedicado al agua caliente; el tepidarium, para los baños tibios; y el frigidarium, para el agua fría. Naturalmente, con el paso del tiempo los edificios originales fueron ampliados y modificados, pero los puntos principales del recorrido –el Manantial sagrado, el Templo romano, el Baño romano y el Museo- revelan entre sus corredores, piscinas, cúpulas y columnas todo el arte del buen vivir que desarrollaron los herederos de Julio César cientos de años atrás. En el museo vemos algunos objetos que terminan de completar el panorama: una cabeza de bronce de Minerva, una cabeza de Gorgona, monedas y vasijas. Naturalmente, nos tentamos con las réplicas del gift shop, repleto de delicias inglesas dedicadas no sólo a las termas romanas, sino también a Jane Austen, amada habitante de la ciudad.

Bath histórica
Gran parte de los casi cuatro millones de turistas que llegan a Bath cada año tienen, como nosotros, el objetivo puesto en la visita al complejo de baños romanos. Pero la ciudad, bella y elegante, tiene otros aspectos atractivos: sobre todo porque aquí vivió Jane Austen, la irónica novelista de Orgullo y prejuicio, que ambientó en la georgiana Bath de su juventud parte de La abadía de Northanger, exquisita sátira de las novelas góticas de moda de la época. El Jane Austen Centre consiste en uno de los centros de la vida cultural local, con muestras sobre la vida de la escritora, que residió allí entre 1801 y 1806, además de un par de largas visitas a fines del siglo anterior. Aquí se pueden ver varias ediciones de sus libros, recuerdos personales y vestuario de las películas inspiradas en su obra. Sin embargo, el mejor momento del año es durante el Bath Jane Austen Festival, cuando miles de personas se visten de época y recrean con fidelidad y entusiasmo los primeros años del siglo 19.
La era georgiana también revive en Royal Crescent, un imponente conjunto residencial semicircular de 30 edificios diseñados por John Word, el Joven, levantados entre 1768 y 1774. Se cree que el círculo gigante y la media luna en cuarto creciente que dibuja el plano de los edificios remite a la simbología masónica a la que era aficionado el autor del proyecto. En todo caso, junto con Queens Square, Gay Street, Royal Crescent y el Circus contiguo, forma un dibujo de llave, que también alude a los símbolos masónicos. Este lugar, así como la espléndida Great Pulteney Street, revelan lo más bello de la Bath histórica, donde reluce la vieja Inglaterra con todo su acento aristocrático en el corazón de las Colinas de Somerset.

Hoja del viajero

La mejor época para ir:
En verano y primavera boreales se disfruta del mejor clima y los mejores paisajes en las campiñas de los alrededores.
Requisitos migratorios:
Pasaporte con seis meses de vigencia.
Paseos:
El Puente de Pulteney, que atraviesa el río Avon, es uno de los cinco puentes habitados en el mundo, como el Ponte Vecchio florentino (Italia). Su silueta antigua, que deja ver detrás los edificios georgianos y la cúpula de la catedral, es una de las postales más características de Bath. Se puede visitar también el monumento megalítico de Stonehenge, en Wiltshire. Es un fascinante círculo de piedras gigantes, de significado probablemente ritual, considerado entre los más importantes legados de la Edad de Bronce. La ciudad medieval de Salisbury, cercana a Stonehenge, fascina con su catedral y el casco histórico, donde se realiza dos veces por semana, desde hace siglos, un concurrido mercado.
Compras:
Productos relacionados con el bienestar y el cuidado corporal. Recuerdos de la presencia romana en la ciudad, como réplicas de las cabezas de Minerva y Medusa o monedas romanas halladas en el lugar. Objetos para escribir –estilográficas, cuadernos, agendas- y mugs (tazones) con frases de Jane Austen.
Comidas:
Bath es un buen lugar para probar la cocina tradicional inglesa. Se puede empezar con un steak and kidney pie (pastel de carne y riñón) o un plato condimentado con curry, herencia de las colonias indias. A la hora del té, scones y el exquisito shortbread, galletitas dulces con mucha manteca y un toque salado. Son famosos los sándwiches de manteca y pepino, así como los puddings dulces. Para beber, además del omnipresente té, hay un amplio abanico de cervezas (ale).
Alojamiento:
Hoteles cuatro estrellas, desde 220 dólares la habitación single o base doble. Hoteles cinco estrellas, a partir de 350 dólares la habitación single o base doble.

Tips y curiosidades
- El clima de Bath es el típicamente inglés, de modo que conviene no olvidar un paraguas y un impermeable aunque sea pleno verano.
- Para pasar un día de relax, la ciudad ofrece el Thermae Bath Spa, con baños en aguas cálidas de alta mineralización y técnicas aplicadas ya por los celtas y romanos hace dos mil años.
- La ciudad tiene una tarjeta de visitas, Bath Visitor Card, que por sólo cinco dólares ofrece durante tres semanas un amplio abanico de descuentos en restaurantes, bares, negocios, atracciones y excursiones.

Contactos
Código de área telefónico:
01226.
Hospital de Urgencias:
Royal United Hospital Bath: Combe Park Bath BA1 3NG. Tel. (01225) 428-331.
Policía:
Manvers Street, BA1 1JN. Tel. (0845) 456-7000.
Internet:
www.visitbath.co.uk

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