$ 68 millones (más impuestos) costaría “desarmar” el Orfeo: cómo y cuánto tiempo demandaría

(Por Ayelén Actis) Seguramente cuando leíste la noticia sobre la solicitud de demolición del Orfeo, tu cerebro te mostró alguna imagen de aquellos programas de Discovery Channel donde la estructura quedaba reducida a escombros con una deflagración. Pero la cosa no es tan así. En el caso del Orfeo, aproximadamente el 60% de la infraestructura (desde las chapas hasta las sillas) se podría recuperar. Eso sí, a Tati le costaría unos cuantos billetes: aproximadamente unos $ 68.000.000 (más impuestos). El paso a paso, en esta nota. 
 

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El Orfeo durante los preparativos de uno de los clásicos show inversales: Disney On Ice.

Para demoler una vivienda o cualquier tipo de edificio se debe presentar una solicitud de demolición ante el CPC que corresponda de acuerdo al barrio (como la que Dinosaurio, la empresa de Euclides Bugliotti, presentó en el CPC de Monseñor Pablo Cabrera). 

El “papeleo" se firma por mesa de entrada en el sector de obras privadas. Allí sellan la solicitud y el solicitante debe dirigirse a Catastro -otra ventana dentro del mismo CPC- donde lo timbran y le brindan el ticket para que abone la gestión por caja. El timbrado cuesta $ 1.900 (para cualquier construcción).
 


Luego, la solicitud pasa al área de Patrimonio Cultural y Ambiente donde se verifica si la propiedad que se va a demoler es un patrimonio cultural o no. Mientras tanto, quien pide el permiso de demolición debe presentar fotografías y filmaciones de la propiedad a demoler. Una vez que se comprueba que no es patrimonio cultural vuelve a obras privadas del CPC y se otorga un nuevo timbrado (que es un impuesto al propietario) que tiene un valor aproximado de $ 100 el m2. En el caso del Orfeo, a Tati le costaría $ 1.700.000 aproximadamente. Una vez que se abona, se firma el permiso, ¡y listo!

Según un especialista en el tema, hasta el año pasado la aprobación para una solicitud de demolición demoraba entre 90 y 120 días, pero actualmente hay muchas demoras. Claro que en el caso del Orfeo no es tan simple porque el tema tomó carácter político y según las fuentes que consultó InfoNegocios la cuestión viene para largo. 

Cómo se “desarmaría” el Orfeo
De aprobarse la solicitud, previo al inicio del trabajo se colocaría un cartel con el número de permiso de demolición. 

El proceso de demolición comienza desde arriba hacia abajo y para hacerlo descriptivo se va pelando la estructura. 

Según un especialista en el rubro: “Hay que desmantelar los techos, que no es un trabajo menor. Se necesitarían varias grúas para sacar toda la cubierta y luego se deberían desarmar las tribunas”. Para el final, quedaría toda la estructura de hormigón, que se tira al piso con maquinaria vial. 
 


Pero según aseguran a InfoNegocios no se destruiría todo. “Si llegara a demolerse, gran parte de los materiales se podrían recuperar salvo lo que sea demolición de estructura”, detallan.

Las aberturas, chapas, y la estructura metálica de vigas y columnas para sostener el techo podría volver a utilizarse. Incluso las sillas. Aproximadamente, un 60% de la estructura del Orfeo podría ser recuperada y reubicada. 

¿Cuánto costaría demoler el Orfeo? Preguntamos.

El costo de demolición para una vivienda normal ronda los $ 1.000 el m2. Pero en la caso del Orfeo, debido a la complejidad del trabajo, el valor del valor alcanzaría los $ 4.000 el m2. Sacá la cuenta: por 17.000 m2, el costo de demolición alcanzaría $ 68 millones.

Qué pasó el viernes en el Concejo Deliberante
En la sesión del viernes se presentaron en el Concejo Deliberante seis proyectos para tratar el pedido de demolición del Orfeo. Uno de ellos, propone una ordenanza para conformar una comisión especial, integrada por el oficialismo, la oposición y diferentes actores vinculados a la cultura y el deporte, que evalúe si el “superdomo” es patrimonio cultural (y no histórico por su corta antigüedad). 
 

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Comentarios:

Horacio Gallardo
19/10/2020 - 08:43

Sólo espero que NO lo declaren patrimonio, de nada. Caso contrario sería otro caso de un emprendimiento privado que, cuando no funciona, pasa al Estado. Y no por el emprendimiento en sí mismo sino por la capacidad de lobby del emprendedor. Y su mantenimiento va a costar algunas monedas también.