El discreto encanto de ser boludos...

“Somos una nación de boludos. Millones de ilusos que aspiramos a vivir en paz, construyendo un futuro próspero y una sociedad justa. Sin embargo, los “Vivos” nos demuestran a diario que confiar en las promesas, mostrar respeto por los demás y actuar dentro de la ley es una estupidez. Algo que sólo hacen los tontos, los fracasados… los boludos... ¡Sintamos orgullo por hacer las cosas como se debe! Defendamos al honesto, al buen tipo, al buen ciudadano; a la idea de un país entre todos y para todos. ¡Boludos argentinos, unámonos!”. Esto es parte de la “proclama” que enarbolan Mauricio Wyler y Agustín Arroyo para celebrar -este sábado 27 de junio- el Día del Boludo, una movida que ya sumó más de 4.000 adherentes en Facebook y que tiene su propio spot publicitario en YouTube, aquí.
"Somos conscientes que otras campañas lanzadas en la web terminaron vendiendo papa fritas, Fernet o algún otro producto. Este no es el caso. Nos pareció que la idea de definir un día concreto para celebrar el siempre tan mencionado “Día del Boludo” era una oportunidad para que se diera una conversación acerca de quién es realmente “vivo” y quién es “boludo” en nuestro país", explica Agustín Arroyo.

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.