Proma Argentina una de las primeras autopartistas que convirtió la sostenibilidad en una ventaja competitiva

Proma Argentina, es la primera empresa del rubro autopartista que logró la certificación de Empresa B integrando industria, tecnología, personas y sostenibilidad en una misma forma de gestionar.

Como autopartista, operan en una industria altamente exigente, donde la competitividad se construye todos los días a partir de la calidad, la seguridad, la productividad, la trazabilidad, la eficiencia de los procesos y la capacidad de responder a los estándares de las terminales automotrices.

“Sobre esa base industrial, en Proma Argentina incorporamos la tecnología y la sostenibilidad no como iniciativas separadas, sino como herramientas para mejorar nuestra competitividad y nuestra capacidad de generar valor en el largo plazo”, agrega Milagros Isaia Brasca, Plant Manager de Proma.

La empresa forma parte de Grupo Proma, un grupo industrial italiano con presencia internacional, que les permite combinar una visión y un know-how industrial global con una fuerte capacidad de adaptación y desarrollo local. E”sa pertenencia nos conecta con experiencias, tecnologías y estándares internacionales, mientras que desde Argentina aportamos innovación, agilidad y una cultura propia de mejora continua”, reflexiona la empresaria.

Estrategia industrial

La tecnología cumple un rol central en este proceso permitiéndoles digitalizar y automatizar procesos, generar datos, medir mejor, anticipar desvíos y tomar decisiones más rápidas y objetivas. Igualmente entienden que la transformación tecnológica por sí sola no alcanza, sino que necesita personas preparadas para utilizarla, cuestionar los procesos y convertir la información en mejoras concretas.

Por eso, desde la concepción de Proma Argentina trabajan en una cultura basada en la mejora continua, la innovación, el desarrollo de las personas y el uso responsable de los recursos. La sostenibilidad se integra así a las decisiones industriales y de negocio, buscando generar eficiencia y competitividad, pero también impactos positivos en los trabajadores, en la comunidad y en su cadena de valor.

“En definitiva, para nosotros tecnología, sostenibilidad y competitividad no son caminos paralelos: son parte de una misma estrategia industrial. Estamos avanzando hacia un modelo de Industria 5.0, donde la automatización y la innovación conviven con una mirada centrada en las personas, la sostenibilidad y la creación de valor de largo plazo”, adelanta la empresaria.

La Certificación B les permitió medir y sistematizar una forma de gestión que Proma Argentina ya venía desarrollando, y al mismo tiempo identificar dónde tenemos oportunidades concretas para seguir evolucionando.

En lo ambiental, gestionan variables directamente vinculadas con nuestra operación industrial, como huella de carbono, consumo energético, generación de residuos y reciclaje, buscando que cada mejora tenga también un correlato en eficiencia y competitividad.

En lo social, el foco está puesto en las personas: seguridad y bienestar, desarrollo profesional, liderazgo, clima y participación. “Trabajamos no solo para desarrollar las capacidades que nuestra operación necesita hoy, sino también para elevar el nivel de empleabilidad de nuestros colaboradores, generando conocimientos y competencias que acompañen la transformación de la industria”, agrega convencida.

En un sector intensivo en procesos y tecnología, contar con equipos capacitados, comprometidos y con mayor autonomía tiene un impacto directo sobre la calidad, la productividad y la capacidad de mejora.

En la dimensión económica, buscan que esa gestión sea sostenible en el tiempo y genere valor para toda la cadena. Esto implica eficiencia operativa, decisiones de largo plazo, desarrollo de proveedores y capacidad para responder a estándares cada vez más exigentes de nuestros clientes.

“El verdadero valor del modelo B está justamente ahí: en incorporar las variables ambientales y sociales a las decisiones de negocio”, destaca la empresaria.  Cuando una mejora energética reduce impacto y costos, cuando desarrollar a las personas mejora productividad, calidad y empleabilidad, o cuando trabajar sobre la cadena de suministro fortalece nuestra competitividad, el triple impacto deja de ser una iniciativa y pasa a ser gestión industrial.

Sostenibilidad y competitivad industrial

El principal hito de estos últimos dos años fue, sin duda, alcanzar la Certificación B siendo parte de la industria automotriz. Ahí estuvo, de alguna manera, la épica del proceso: demostrar que una empresa que pertenece a una industria compleja y muchas veces cuestionada desde la perspectiva de la sostenibilidad puede gestionar con estándares muy exigentes de impacto social, ambiental y de gobernanza.

“Y esto fue especialmente desafiante porque no se trataba de certificar una iniciativa o un proceso puntual, sino de poner bajo evaluación integral nuestra forma de gestionar la compañía y respaldarla con resultados y evidencia concreta”, considera.

La evaluación de EcoVadis llegó después casi como una consecuencia natural de ese camino. Gran parte de las prácticas, indicadores y procesos que habían consolidado a partir del modelo de gestión B ya estaban incorporados a nuestra operación. EcoVadis les permitió contrastarlos con otro estándar internacional y ubicarnos dentro del 35% de las empresas mejor evaluadas en materia ambiental, social y ética.

El desafío hacia adelante ya no pasa por sumar certificaciones, sino por profundizar el modelo y convertir cada vez más la sostenibilidad en competitividad industrial: eficiencia energética que reduzca impacto y costos, mejor utilización de recursos, desarrollo de las personas y mayor empleabilidad, una cadena de suministro más sólida y una organización mejor preparada para las nuevas exigencias de nuestro mercado.

Hoy la sostenibilidad ya no es un atributo adicional de Proma, sino una dimensión integrada a nuestra estrategia, a nuestras decisiones y a nuestra forma de ser y hacer industria

El principal desafío es traducir las exigencias globales de la industria automotriz en ventajas competitivas concretas a nivel local y regional.

Como autopartistas forman parte de una cadena global que está elevando permanentemente sus estándares en materia de tecnología, trazabilidad, eficiencia, gobernanza y desempeño ambiental y social. Para seguir siendo competitivos no alcanza con responder a esas exigencias; tenemos que anticiparlas e incorporarlas a nuestra estrategia de negocio.

“El desafío está en cómo llevamos esos estándares globales a nuestra realidad industrial y los convertimos en decisiones concretas de gestión. Es en la planta, en nuestros procesos productivos, en las decisiones de inversión, en el desarrollo de nuestros colaboradores y proveedores y en nuestra vinculación con la comunidad donde esos compromisos se traducen en resultados”, asegura.

Ahí está el verdadero valor: tomar estándares globales y convertirlos en valor local, entendiendo además que las prioridades, los recursos y las oportunidades no son iguales en todos los mercados. “En Proma buscamos que esa integración tenga impacto concreto en las tres dimensiones del negocio: más eficiencia y competitividad, menor impacto ambiental y mayor desarrollo de las personas y de nuestra cadena de valor”, finaliza.

 

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