Un vendedor de agua en el desierto y dos formas de mirar la vida

Pablo Nanzer: "A ver, sigamos con la parábola: no es justo que el señor que vende el vaso de agua al sediento se abuse de su posición dominante como tampoco lo sería que el sediento se la robe violentamente. Si el sediento observa que lo están estafando debido a su necesidad y la imposibilidad de proveerse por otra vía, imploraría la presencia de alguien que pusiera límites al vendedor. Si el sediento roba con violencia al vendedor, sería éste el que imploraría porque alguien proteja su propiedad y su integridad. Ese alguien, mi estimado, debe ser el Estado, y debe estar para ambas cosas por igual. El abuso está mal, independientemente de quien lo ejerza y de que armas se sirva para hacerlo".

Martín Carranza Torres: "Sigamos la parábola entonces. El señor que ofrece el vaso de agua por un precio, normalmente no lo hace por beneficiar al otro sino para satisfacer su propio interés. Ofrece el agua a cambio de un precio, por debajo del cual haría una cosa distinta. Si el estado lo obliga a venderlo a un precio menor el vaso de agua desaparece del desierto y el demandante del vaso se queda sin agua, incluso aunque esté dispuesto a pagar un alto precio por ella. En ese caso la intervención estatal en la formación del precio no benefició a ninguno y perjudicó a ambos".

¿Debe el Estado regular los precios? Un debate interesante aquí.

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