En una edición histórica por sus 50 años, Netflix dijo presente en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Y lo hizo con una estrategia bastante clara: mostrarse menos como “enemigo de la lectura” y más como socio natural de las historias que nacen en papel y luego saltan a la pantalla.
Los bestseller piden 1 cámara
El eje de la partición de Netflix son los paneles abiertos al público.
Entre ellos, se realizó una charla dedicada a Cien años de soledad. Allí se abordó el proceso creativo detrás de la adaptación de la obra de Gabriel García Márquez, repasando las decisiones artísticas, técnicas y narrativas necesarias para traducir la complejidad de Macondo al lenguaje audiovisual. Participaron la directora Laura Mora y la guionista Natalia Santa, con moderación de Ezequiel Martínez, Director de la Feria del Libro de Buenos Aires.
Siguiendo la misma línea, también habrá espacio el debate con una pregunta provocadora: “¿Toda adaptación es una traición?”. El panel se realizará el 7 de mayo y reunirá a escritores, realizadores y ejecutivos de la plataforma para analizar cómo una adaptación puede ser, a veces, una traducción, otras una reinterpretación y otras una fuente de inspiración. Debatirán Claudia Piñeiro (El tiempo de las moscas, Las maldiciones, Elena sabe y Las viudas de los jueves) y Miguel Cohan (Atrapados) sobre los límites de la fidelidad, las decisiones creativas y cuánto necesita transformarse una historia para funcionar en otro formato.
Natalia Santa, Laura Mora, Miguel Cohan y Claudia Piñero.
Entre paneles y debates, Netflix sigue siendo la industria del descanso y el ocio
Pero quizás lo más visible no estuvo en las salas de debate, sino en los pasillos. Quienes recorrieron la feria se encontraron con espacios de ocio montados por Netflix: sectores con sillones y puff pensados para descansar después de caminar por los pabellones de uno de los eventos culturales más grandes del país.
No es un detalle menor. La feria ocupa la totalidad del predio de La Rural, convoca a miles de personas por jornada y recorrerla completa implica varias horas a pie. Ahí la plataforma detectó una necesidad concreta: ofrecer pausa, confort y presencia de marca.

Mientras tanto, pantallas LED instaladas en esos espacios reproducían guiños a series y películas basadas en libros disponibles en Netflix. Cada uno de estos sectores de descanso estaba además acompañado por ejemplares físicos de esas mismas obras que fueron llevadas a la pantalla, junto con códigos QR que permitían explorar esos títulos en la plataforma.
La lógica es bastante directa: conectar el momento de pausa con el descubrimiento y, sobre todo, empujar a qué lectores se conviertan también en espectadores de esas historias en formato serie o película.

Del “mata-lectura” al socio editorial
Durante años, plataformas como Netflix cargaron con la acusación de competir contra los libros por el tiempo libre de las personas. Su presencia en la feria parece buscar otra narrativa: muchas de sus series y películas más exitosas nacieron primero como novelas, cuentos o ensayos.
La jugada también muestra cómo cambió el negocio del entretenimiento. Hoy una historia puede empezar en una librería, seguir en streaming, expandirse en redes y volver a vender ejemplares impresos.
En la feria del libro, Netflix apostó a ocupar ese lugar: no reemplazar al libro, sino convivir con él.
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