Por qué llegué a pensar que Facebook “escucha” lo que digo (¡mayonesa Lágrimas del Sol!)

Ser paranoico no garantiza que te sigan, es verdad, pero esta semana me pasaron dos cosas que me llevaron a sospechar que Facebook no sólo “tracea” mis gustos por los clics que hago sino también… ¡¿por las cosas que hablo?!

El lunes mi amiga Ayelén me mostró una consola retro que había visto en una publicación: me la mostró en su teléfono, no me lo compartió, ni me etiquetó ni nada. A la tarde me apareció una publicidad de esa consola. Raro.

“Bueno -me dijo mi siempre racional jefe Iñigo Biain-: ustedes dos son amigas y el algoritmo de Facebook podría entender que lo que le gusta a Aye, le guste a Ud. también”. Hm… pasó.

Pero ayer la cosa “escaló”: sólo hablé con otras amigas de la mayonesa Lágrimas del Sol y… ¡adivinaste! Mi feed de noticias de Instagram (de Facebook) me mostró horas más tarde una publicidad de esa marca muy poco conocida y que jamás había visto publicitando en redes.

Cuando busqué el tema en Google me aparecieron otros casos y las correspondientes desmentidas como se puede leer aquí.

En la redacción, las opiniones están dividas: Julieta y Macarena creen en mi teoría conspirativa; Ayelén e Iñigo dicen que son casualidades y otras rarezas que pasan.

Y vos, ¿de qué lado estás? (SU)

Tu opinión enriquece este artículo:

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.