Emuná: de una charla familiar a una marca de autocuidado que nació en Bell Ville y vende a todo el país

Lo que empezó como una charla entre madre e hijo se transformó en una marca de e-commerce con identidad propia y casi mil ventas mensuales. Emuná, nacida en Bell Ville, hoy envía sus productos a todo el país.

La historia de Emuná no nació de un plan de negocios tradicional, sino de un momento cotidiano. En un viaje familiar, Alejandra Ocio —bellvillense y con más de 20 años de trabajo en relación de dependencia— conversaba con su hijo mayor, ya vinculado al mundo del e-commerce, sobre oportunidades de productos pensados desde la mirada femenina. “Me acuerdo que le dije que tenía ganas de probar fundas de satén y artículos de ese material. Era algo que hacía tiempo quería experimentar”, recuerda.

Su hijo tomó la idea, la lanzó en su propia tienda online y el resultado fue inmediato: el producto fue un boom. Poco tiempo después, la propuesta fue clara: asociarse y crear una marca propia. Así nació Emuná.

Un nombre con sentido

Encontrar el nombre no fue sencillo. La búsqueda no apuntaba sólo a algo atractivo, sino a una palabra que reflejara cómo querían que se sintieran sus clientas al usar los productos. Finalmente apareció “Emuná”, una palabra hebrea que significa fe. “Nos conectó de inmediato por lo que transmite: poder estar en calma aun cuando no tenés todas las respuestas. Eso nos llegó directo al corazón”, cuenta Alejandra.

Ese concepto atraviesa toda la marca y se convirtió en su eje identitario.

El producto estrella y una filosofía clara

El primer producto fue la funda de satén para almohadas, desarrollada en una medida estándar y con un diseño que desde el inicio funcionó sin necesidad de rediseños. Hoy sigue siendo el producto estrella de la marca.

“La funda refuerza una creencia muy nuestra: que te podés cuidar mientras dormís. Mientras descansás, la funda hace lo suyo y suma un plus a la rutina de cuidado de la piel y el cabello”, explica.

A partir de ese éxito inicial, la línea fue creciendo: cofias de satén pensadas para usar durante tratamientos capilares o momentos de relax, antifaces y otros accesorios. Todos los productos son de diseño y confección propia.

Un dato no menor: Emuná trabaja con talleres de Bell Ville y localidades vecinas, generando empleo y sosteniendo una red productiva local. “Estamos convencidos de que el trabajo conjunto es lo que permite hacer productos de calidad”, afirma.

Del mundo corporativo al e-commerce

Después de más de dos décadas en relación de dependencia, Alejandra tomó la decisión de dedicarse de lleno a su emprendimiento. No fue un salto repentino, sino un proceso. Durante gran parte de su vida adulta convivieron dos realidades: su trabajo formal por la mañana y proyectos propios por la tarde.

“La decisión llegó cuando ya no me daban los tiempos físicos ni la cabeza. Mi motivación era dedicarme al 100% a Emuná, y para no postergarlo eternamente tuve que poner una fecha”, explica.

El cambio fue profundo, tanto profesional como personal. “El e-commerce no tiene techo. Todos los días aparece algo nuevo para aprender, implementar o mejorar. Es un mundo imparable”, resume.

Vender online: desafíos diarios y aprendizaje constante

Para Alejandra el verdadero desafío aparece en el día a día: Insertarse en el mundo del e-commerce implicó aprender desde cero y mantenerse constantemente a la vanguardia de herramientas, tecnologías y estrategias digitales. “No es lo mismo tener un local físico que vender online”, sostiene. En el entorno digital es clave entender qué se vende hoy, cómo comunicarlo y, sobre todo, cómo captar la atención en un mercado saturado de estímulos. Por eso, la capacitación continua, la incorporación de nuevas herramientas y la adaptación permanente a los cambios del mercado se convirtieron en parte central de la rutina de Emuná.

Las redes sociales son el corazón del negocio: Instagram, Facebook y TikTok funcionan como vidriera y canal de venta. La inmediatez es parte de las reglas del juego. “Por ahí es sábado a la noche y estás respondiendo mensajes, pero es parte de esto”, admite.

El equilibrio entre vida personal y emprendimiento no es perfecto. Trabajar desde casa borra los límites, pero la pasión por lo que hacen empuja a seguir.

Crecimiento, números y alcance nacional

Los primeros días de Emuná estuvieron marcados por una emoción difícil de describir: cada vez que sonaba la “campanita” del celular anunciando una venta, la sensación era de euforia absoluta. Ese sonido se convirtió en símbolo de que la idea funcionaba y de que el proyecto empezaba a tomar vuelo. Más adelante, en julio de 2025, la marca vivió una etapa de crecimiento acelerado que los llevó a alcanzar picos de 90 ventas diarias gracias a una campaña enfocada en volumen. Fue, según ella misma lo define, un “colapso” por la intensidad del trabajo, pero también una confirmación de que iban por el camino correcto. 

Hoy Emuná maneja cerca de 1.000 ventas mensuales y realiza envíos a todo el país.

Mayoristas, colaboración y mirada a futuro

Además de la venta minorista, Emuná desarrolló una línea mayorista con alcance nacional. Revendedores de distintas provincias —incluso Buenos Aires— comercializan sus productos, con la posibilidad de hacerlo con marca propia o con la identidad de Emuná visible.

De cara a los próximos años, Emuná proyecta seguir ampliando su línea de productos, siempre alineada a la idea de la calma y el autocuidado como algo que uno merece. La expansión internacional es una posibilidad incipiente, todavía en etapa de idea, pero con una llama encendida.

Empresa familiar y aprendizaje compartido

Alejandra sostiene que trabajar con su hijo es profundamente emocionante. Se maravilla de verlo en su rol: “él es autodidacta, meticuloso, apasionado por aprender y enseñar. Todos los días me muestra algo nuevo”. 

Hay un momento de la entrevista en el que la emoción deja de ser un detalle y pasa a ocuparlo todo. La sonrisa se le ensancha, la voz se vuelve más suave y los ojos le brillan cuando habla del cambio de roles. “Yo soy su mamá… durante años fui yo quien le enseñó todo, y ahora es él quien me enseña a mí”, dice, con un orgullo sereno que lo llena todo. No es solo una frase: es una escena cargada de historia y amor. Ese ida y vuelta, atravesado por admiración mutua y respeto, resignifica los años compartidos y transforma al emprendimiento en algo que va mucho más allá de un proyecto laboral: es una nueva manera de crecer, aprender y emocionarse juntos.

La empresa familiar late con un pulso propio: el de la colaboración genuina, el compromiso cotidiano y un amor profundo por lo que hacen. Aunque ella y su hijo llevan adelante el proyecto, su marido es un sostén constante, siempre presente, acompañando y aportando. Detrás hay horas de trabajo, decisiones difíciles y desafíos permanentes, pero también hay afecto, confianza y una convicción compartida que los impulsa. Es un emprendimiento que nace del corazón y que, justamente por eso, se vive con una gratificación que va mucho más allá de los resultados.

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