Pedro Cachín, desde Bell Ville al Top 50 mundial: el tenis como empresa de alto riesgo (y alto aprendizaje)

Desde Bell Ville al circuito internacional, Pedro Cachín construyó una carrera que lo llevó a ser Top 50 del mundo. En una entrevista profunda, el tenista repasa el lado menos visible del tenis profesional: inversiones de alto riesgo, presión extrema y los nuevos desafíos tras el retiro, con proyectos que combinan deporte, formación y gestión.

Pedro Cachín habla de tenis como quien habla de una empresa. No desde el romanticismo del deporte, sino desde la experiencia real de haber sostenido durante más de 20 años una carrera profesional que exige inversión constante, tolerancia al riesgo y una fortaleza mental comparable —según sus propias palabras— a la de los CEOs de grandes compañías. Oriundo de Bell Ville y con una trayectoria que lo llevó a ubicarse entre los 50 mejores tenistas del mundo, Cachín participó de una entrevista donde expuso el costado menos visible del circuito profesional: el económico, el humano y el psicológico.

El recorrido del tenista comenzó muy temprano. A los 4 años, en Monte Hermoso, alguien advirtió su facilidad para el tenis mientras jugaba con paletas de playa. Sus primeros golpes formales llegaron en el Club Bell de Bell Ville, bajo la guía de Ale Orselli y su escuelita, donde la competencia y, sobre todo, las derrotas funcionaron como motor para mejorar. A los 13 años tomó una decisión clave: se trasladó a Villa María para entrenar y dedicarse 100% al tenis, dejando la escuela presencial para cursar de manera online. “Ahí empecé a trabajar”, resume. Desde entonces, su rutina fue la de un profesional: estar en el club desde las 9 de la mañana, entrenar en doble turno, escuchar y seguir a sus líderes —preparador físico y entrenador— y organizar su vida en función del rendimiento, una exigencia que, como él mismo dice, “el deporte te pide” y que explica por qué siempre consideró al tenis como su trabajo. Desde las categorías Sub 10 hasta Sub 18 se mantuvo siempre entre los mejores del país, participando en torneos nacionales, sudamericanos y mundiales. El salto definitivo llegó a los 19 años, cuando se mudó a España: comenzó 2014 en el puesto 600 del ranking y lo terminó en el 250, una confirmación temprana de que la inversión, la disciplina y una vocación clara —que dice haber tenido desde los 5 años— iban en el camino correcto.

Bell Ville, su ciudad natal

Aunque vive desde hace 11 años en España —actualmente en un pueblo cercano a Barcelona— Cachín mantiene una fuerte preferencia por la vida de pueblo. “Me gusta porque somos todos iguales”, explica. Valora la cercanía entre las personas, las amistades que se sostienen en el tiempo y los vínculos genuinos. A pesar de su carrera internacional, conserva un lazo profundo con Bell Ville, donde siente que nadie se “agranda”: “El pueblo te baja a tierra, no te deja creerte más de lo que sos”. Reconoce que en las comunidades chicas la exposición y la opinión ajena forman parte del paquete, pero también que ese entorno enseña humildad y mantiene los pies sobre la tierra. 

Ese vínculo con Bell Ville también se traduce en acciones concretas, como el evento anual Tenis Benéfico, que ya atravesó su tercera edición y busca devolverle a la comunidad y a las instituciones que lo acompañaron en sus inicios, consolidándose como una iniciativa solidaria que crece año a año y mantiene vivo el lazo entre el tenis y la ciudad.

El tenis también le dejó aprendizajes que trascienden lo deportivo. Uno de los principales es la puntualidad y el respeto por el tiempo del otro. “Pasamos 30 semanas al año fuera de casa, y el mayor respeto que le podés dar a alguien es respetar su tiempo”, afirma. Por eso, intenta no llegar tarde y también hace sentir la importancia de ese valor cuando no se cumple. Consciente de que el tenis “le dio un nombre”, Cachín asume la responsabilidad de transmitir lo aprendido: ya sea con niños o con adultos, si siente que su experiencia puede ayudar, intenta compartirla.

El tenis como empresa: riesgo, visibilidad y nuevas oportunidades

En el tenis profesional, competir es solo una parte del negocio. Para Pedro Cachín, la carrera del tenista es una inversión de largo plazo y de altísimo riesgo, donde nadie enseña a administrar ingresos, invertir o proyectar el futuro. “Es una rama que no está explotada; tenés que abrirte camino solo, hablar con tus contactos y aprender sobre la marcha”, explica.

En ese esquema, el tenista funciona como un trabajador independiente: no hay contratos fijos ni ingresos asegurados y, ante una lesión, los ingresos se frenan mientras los gastos siguen corriendo, en un deporte donde viajes, equipos y entrenadores se pagan en dólares y gran parte del circuito se juega en Europa. Sin embargo, esa misma carrera ofrece visibilidad y ese capital simbólico abre nuevas oportunidades. 

“El tenis te abre muchas puertas, incluso si no sos Top 100”, resume. Entrenadores, managers, academias, proyectos alternativos o actividades vinculadas al mundo empresarial aparecen como salidas posibles para quienes entienden la carrera como un proyecto integral, donde el rendimiento deportivo y la gestión fuera de la cancha van de la mano.

En su caso, la construcción de imagen no fue el resultado de una estrategia digital planificada. La oportunidad surgió de manera inesperada, a partir de una acción solidaria: la donación de raquetas, ropa y una máquina de encordar a África, una historia que se volvió viral en Argentina y en el mundo en 2019. Esa noticia fue lo primero que apareció en los buscadores cuando un inversor buscó su nombre y terminó marcando el inicio del vínculo.

La experiencia le dejó una enseñanza clara: la coherencia personal también construye marca. En un deporte donde la visibilidad puede transformarse en oportunidades empresariales, asociaciones o nuevos proyectos, la reputación y los valores terminan siendo tan determinantes como los resultados dentro de la cancha.

La distancia, el dinero y la presión que no se ve

Con la mayoría de los torneos concentrados en Europa, competir implica vivir lejos de casa, viajar de manera constante y sostener una estructura profesional en una economía que se maneja casi exclusivamente en dólares. A partir de cierto ranking, explica Cachín, ya no hay margen para la improvisación: entrenadores, preparadores físicos, cuerpo técnico, pasajes, alojamiento y logística se pagan en moneda dura y forman parte de una economía global que no contempla particularidades locales.

La distancia geográfica se traduce también en costos invisibles. Quedar eliminado en la primera ronda puede significar pasar días enteros sin jugar, esperando el próximo vuelo, sin generar ingresos pero acumulando gastos. El calendario no da respiro: viajes largos, cambios horarios y semanas enteras fuera de casa forman parte de la rutina. Competir, muchas veces, es resistir.

Uno de los tramos más crudos de la charla aparece cuando describe la presión psicológica del circuito. “Hay pánico en cada partido”, reconoce. No importa el rival: siempre están en juego puntos, dinero y reputación. En los torneos grandes, el mayor miedo no es perder, sino quedar expuesto, sufrir una derrota contundente y quedar marcado ante miles de personas en vivo y millones frente a la televisión. Una exigencia silenciosa, pocas veces visible desde afuera, pero que define la verdadera dificultad de competir al máximo nivel.

Sponsors: cuando la familia es el primer inversor

En la carrera del tenista argentino, el primer sponsor fue la familia. En un deporte estructuralmente caro, donde viajar, entrenar y competir exige inversiones constantes, el acompañamiento familiar suele ser el sostén inicial y, muchas veces, el único durante años. “Las familias bancan hasta donde pueden”, reconoce Cachín, consciente de que no todos logran atravesar esa etapa.

En su caso, el apoyo externo recién llegó alrededor de los 20 años, cuando una marca de indumentaria deportiva decidió acompañarlo económicamente. Durante tres temporadas, ese respaldo fue clave para sostener la competencia y cubrir gastos básicos del circuito. Aun así, el camino no fue lineal: atravesó al menos dos años críticos desde lo financiero, en los que la continuidad misma de su carrera estuvo en riesgo.

El punto de quiebre llegó con una decisión poco habitual pero estratégica: tomar un crédito privado con un inversor que apostó a su desarrollo deportivo. No fue un salvataje, sino una inversión en su carrera. “Salió bien”, resume. Con el tiempo, el crecimiento en el ranking le permitió generar ingresos suficientes para devolver ese préstamo y ordenar su estructura económica.

La experiencia deja una enseñanza clara: detrás de cada tenista que llega, hay una red de apoyos, riesgos asumidos y decisiones financieras que pocas veces se ven. En un deporte donde el talento no alcanza sin respaldo, los sponsors terminan siendo una pieza decisiva para transformar la vocación en una carrera posible.

El retiro: cerrar un ciclo para abrir otro

La decisión de retirarse comenzó a tomar forma en 2023, paradójicamente, durante el mejor año de su carrera. Tras cumplir todos sus objetivos deportivos y sostenerse más de un año en el Top 100 —llegó a ser 48 del mundo—, algo cambió. “Se apagó el fuego. Sentí que había trabajado 20 años en la misma empresa y que era momento de cambiar de rol”, explica Cachín, con la claridad de quien ya había dado todo dentro de la cancha.

La presión permanente del circuito, las expectativas externas y el desgaste mental terminaron superando el disfrute. Aunque continuó compitiendo un tiempo más, reconoce que mentalmente ya no quería estar ahí. El esfuerzo que exigía sostener ese nivel dejó de compensar, y entendió que cerrar esa etapa también era una forma de cuidarse.

Si tuviera que resumir su carrera en una imagen, elige una escena tan cruda como auténtica: el día que ganó un torneo ATP en Suiza, sucio, transpirado, rodeado de su familia y su perro. Y si tuviera que definirla en palabras, no duda: “garra, sudor y familia”. Una trayectoria atravesada por el trabajo constante, la lucha por un sueño, el esfuerzo físico y mental y el paso por momentos difíciles. “Hay que pasar por lugares feos, pero valió la pena cada minuto. Lo recomiendo”, afirma.

Lejos de alejarse, su retiro marca el inicio de una nueva etapa dentro del tenis. “El tenis es mi pasión”, repite, convencido de que su experiencia y la visibilidad que le dio haber sido Top 50 pueden transformarse en valor para otros. A partir de 2026 comenzará a organizar campus semanales bajo su nombre, con grupos reducidos, orientados tanto a la formación deportiva como a la gestión profesional del jugador.

En el corto plazo, emprenderá el camino como entrenador, aportando una mirada actual y realista del circuito. A mediano y largo plazo, proyecta crear una sección de alta competencia en Barcelona —ciudad donde vive desde hace más de una década— y colaborar con agencias deportivas, no solo desde lo contractual, sino acompañando, entrenando y guiando a jugadores que buscan dar el salto al profesionalismo. El objetivo es claro: acortar la distancia que enfrentan los tenistas no europeos y brindarles herramientas que él mismo tuvo que aprender solo.

Hoy, el cambio de rol también implica una decisión personal: empezar a pensar en la propia familia y construir una nueva etapa con la misma lógica que marcó su carrera. El jugador se retiró, pero el proyecto sigue en marcha. Y, como siempre, vuelve a empezar desde el trabajo.

Tenis Benéfico: devolver a la cancha todo lo recibido

El recorrido de Cachín también encuentra su punto de cierre —y de continuidad— en Tenis Benéfico, el evento solidario que creó en 2023 con un objetivo claro: devolverle al tenis y a la comunidad de Bell Ville parte de todo lo que recibió en sus inicios. En diciembre de 2025 se realizó la tercera edición, consolidando una iniciativa que ya forma parte del calendario deportivo y social de la ciudad.

La idea nació como una forma de cerrar el año tenístico con un evento solidario y de reencontrarse con las personas y las instituciones que lo acompañaron cuando todavía era un jugador amateur. También, como una manera de celebrar el resurgimiento del tenis en Bell Ville y acercar el deporte a la comunidad.

La primera edición fue casi artesanal. En ese momento, el era jugador Top 100 y el evento se sostuvo gracias a pequeños patrocinadores que aportaron lo justo para cubrir gastos básicos como agua, sonido o un DJ. Aun así, la respuesta fue inmediata: voluntarios, familias y vecinos se sumaron para hacerlo posible. La segunda edición marcó un salto de escala, con la presencia de figuras como Diego Schwartzman, lo que permitió ampliar el alcance, atraer más público y facilitar el apoyo de sponsors.

Cachín es la cara visible del evento y le dedica tiempo y energía, pero aclara que se trata de una tarea completamente voluntaria, sin ningún rédito personal o profesional. Con el correr de las ediciones, el formato solidario también se fue profesionalizando. Si bien la recolección de alimentos sigue siendo central, el esquema se simplificó: las instituciones beneficiarias se postulan y retiran las donaciones directamente en el club, y cuando el evento genera excedentes, se destinan a la compra de bienes concretos —como equipamiento o mejoras edilicias— para garantizar un impacto real y transparente.

En la edición 2025 se incorporó además un bono contribución voluntario, destinado a apoyar a Juan Bazán y a niños de la escuela de tenis, y se modernizó por completo la venta de entradas, que pasó a realizarse de manera online mediante códigos QR y pagos digitales. La entrada general tuvo un valor de 15.000 pesos e incluyó sorteos de premios donados por sponsors, desde bicicletas hasta raquetas.

La aspiración de Cachín es que Tenis Benéfico siga creciendo, se sostenga en el tiempo y se convierta en un evento cada vez más grande para Bell Ville, capaz de atraer jugadores de alto nivel y seguir fortaleciendo el vínculo entre deporte, comunidad y solidaridad. Un cierre coherente para una carrera que siempre tuvo a la familia, el esfuerzo y el compromiso colectivo como ejes centrales.

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