Dólar electoral: límites y alcances del ancla cambiaria modelo 2021

Con el ritmo de crawling peg en retroceso, analistas creen que la inflación cederá pero coinciden en que la emisión de 2020 aún pesa más. Además, advierten sobre desequilibrios y marcan diferencias con los años previos.

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TOMAS CARRIO

Se ha convertido en un clásico de los años impares. Al menos en la última década, la recta final rumbo a las elecciones, sean presidenciales o de medio término, vino indefectiblemente acompañada por una brusca desaceleración en el avance del tipo de cambio.

La marca del freno en el pavimento, en este 2021, comenzó a dibujarse a principios de febrero, cuando el ministro de Economía, Martín Guzmán, expresó que el Gobierno apuntaba a una pauta de depreciación del tipo de cambio nominal, a lo largo de todo el año, de alrededor del 25%. El titular del Palacio de Hacienda enterraba así una estrategia que venía ejecutando el Banco Central (BCRA) desde agosto del año pasado, en la que acomodaba el ritmo de crawling peg al dato de inflación pasada. El problema con esa estrategia, según alertaban los analistas, era que eso retroalimentaba y convalidaba esa inflación pasada hacia adelante.

Desde entonces, la depreciación del tipo de cambio oficial se redujo de 3,78% en enero a 2,85% en febrero, a 2,43% en marzo, a 1,7% en abril y a 1,25% en mayo. Y en la primera rueda de junio, el dólar mayorista no registró cambios por primera vez desde octubre último.

En los cinco meses que trascurrieron desde que comenzó el año, el tipo de cambio oficial acumuló una suba del 13%. La desaceleración, por lo tanto, deberá profundizarse para alcanzar la meta que fijó Guzmán.

"Se repetiría la lógica de 2011, 2013, 2015 y 2017 y el período enero-julio de 2019, donde el tipo de cambio real se aprecia, más explicado por las necesidades políticas que económicas", expresó un informe de Ecolatina. "Sin embargo, al enfocarnos en cómo se fortalecerá al peso este año aparecen algunas diferencias importantes", agrega.

Entre las principales diferencias, la consultora remarca que en 2011, 2013 y 2015, las ventas de reservas del BCRA fueron una constante. Pero, subraya que "en 2021 las reservas netas están lejos de los u$s 20.000 millones promedio de marzo 2011-2015". Según estimaciones del mercado, el nivel de reservas netas hoy ronda los u$s 7000 millones

En 2017 y 2019, en tanto, la tasa de interés se ubicó por encima de la inflación esperada, lo que hizo más atractivas las colocaciones en pesos. Hoy, en cambio, lleva varios meses por debajo de la inflación esperada.

Otras de las diferencias que marcan desde Ecolatina son que la brecha cambiaria actual es mayor a la del segundo gobierno de Cristina Kirchner y que el punto de partida inflacionario es sensiblemente mayor al de la etapa anterior. Además, desde la firma suman que hay un mayor déficit fiscal primario y mayores obligaciones de deuda, tanto en pesos como en dólares.

Amilcar Collante, economista de Cesur, también se refiere a que "los actuales niveles de inflación hacen que sea mucho más difícil atajarla vía tipo de cambio". Y remarca que "hay muchos condimentos que hacen a la efectividad del dólar como ancla". Entre ellos, destaca que "otro condimento para este 2021 es que durante 2020 se emitieron pesos por alrededor de 7 puntos del PBI, algo casi inédito en términos de monetización del déficit".

Similar diagnóstico hizo Adrián Yarde Buller, de Facimex Valores. "Los números de inflación vienen mostrando que la gran emisión monetaria del año pasado todavía pesa más que el efecto del ancla del tipo de cambio, los controles de precios y los congelamientos de tarifas", dijo. "Sin embargo, creo que en los próximos meses vamos a ver una desaceleración de la inflación en el margen, tal vez pudiendo llegar a la zona de 3% hacia julio o agosto", agregó.

Yarde Buller considera que "es probable que la estrategia funcione para enfriar los números de inflación en los próximos meses". Pero alerta: "La apreciación del tipo de cambio es una herramienta que solamente puede usarse para bajar la inflación de manera transitoria".

Por otra parte, y consultado respecto a cuándo la desaceleración terminará impactando en precios, Collante recordó que "la política monetaria siempre tiene un lag", y que "muchas veces los resultados de las decisiones se ven recién meses después". Para el Gobierno, por lo tanto, será fundamental que ese lag no se extienda demasiado.

Uno de los puntos positivos en los que coinciden los analistas es que el tipo de cambio real multilateral del que se parte es competitivo, lo que le da margen al Gobierno para atrasarlo. Ello se debe no solo al punto de partida sino también a un contexto favorable de debilidad del dólar a nivel global. 

"En un contexto en el que el tipo de cambio real del primer trimestre se ubicó por sobre su promedio histórico, se moderó el ritmo de depreciación de la moneda con el objetivo de contribuir al proceso desinflacionario. Con todo, a fines de abril, el tipo de cambio real se ubicó en torno a su promedio histórico", explicó el BCRA en su último Informe de Política Monetaria (IPOM).

Otro de los motivos que le da margen al el Ejecutivo es que el Banco Central también ha ido acumulando artillería suficiente para mantener a raya tanto al dólar oficial como al financiero.

Federico Furiase, director de Eco Go, explica que el salto en el precio de la soja ayudó a que el BCRA pudiera recomponer reservas netas, lo que "le da más nafta para ir atrasando al tipo de cambio oficial hasta las elecciones, a pesar de una inercia inflacionaria que va muy por arriba".

"Esa recomposición de reservas le da también municiones para eventualmente intervenir con más fuerza en el mercado de bonos para contener el contado con liquidación una vez que termine la liquidación de la cosecha gruesa. Además, la posición vendedora de futuros del BCRA se redujo significativamente, con lo cual tiene margen para vender dólar spot, CCL y dólar futuro para tratar de llegar sin sustos cambiarios hasta las elecciones, pero obviamente acumulando distorsiones", añadió.

El trabajo de Ecolatina en cambio, cree que "en 2021 se usarían flujos -que posiblemente sean extraordinarios, dado que la suba de términos de intercambio sería transitoria y el FMI no repetiría el giro de DEGs-, en lugar de stocks para atrasar al tipo de cambio real". Es por ello que consideran que "la estrategia actual parece más arriesgada y costosa, además de insostenible consumido este shock positivo".

"En síntesis, la economía electoral de 2021 apelará a una receta conocida para la historia argentina: atrasar al tipo de cambio, para desacelerar la inflación en el corto plazo y mejorar el poder adquisitivo", concluye el trabajo.

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