Dólar planchado y cosecha récord: ¿el campo rescata a Mauricio?

Un salvavidas con sabor a soja y maíz.

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Para la frustración de mucho economista armagedónico de los que abunda en Peronia, el gobierno tiene una artillería razonablemente poderosa para llegar a noviembre con cierta estabilidad cambiaria:

  •  tasas nominales de punta,
  • si es necesario, intervención en el mercado de futuros,
  • una significativa restricción monetaria que seca de pesos la calle,
  • la autorización del FMI para realizar licitaciones diarias en el spot a partir de abril.

Obviamente que nada de esto será gratis, la economía probablemente lo pagará extendiendo un poco más su recesión, pero la Argentina de hoy no debate economía, por si no se enteraron aun, estamos en plena batalla electoral entre dos bandos. Claramente, este plan tiene una vigencia finita: noviembre 2019, el objetivo es llegar y ganar las elecciones

¿Y después? Dios dirá, de acuerdo con quién gane esta batalla electoral. ¿Qué sentido tiene imaginarse la Argentina de diciembre 2019 para una nación que no puede descifrar su próxima semana? Para aquéllos que esperan soluciones drásticas a nivel macroeconómico, relájense y bajen su ansiedad, las mismas no ocurrirán en 2019. Irónicamente, un país entero al borde de la esquizofrenia bipolar que necesita de soluciones urgentes queda paralizado por un largo año en espera del próximo emperador de Peronia.

Sin embargo, lo interesante en esta Argentina tan cortoplacista que enfrentamos, es que se comienza a gestar la noción de una cosecha formidablemente buena de la mano del campo, único productor genuino de este país. Este aspecto sumamente relevante daría una formidable bocanada adicional en favor de la estabilidad cambiaria y por otra parte iniciaría un efecto de reactivación sobre la diezmada economía real que quizá comencemos a sentir lentamente desde mayo.

En breve, con los ingresos de divisas del campo, es posible imaginar a un BCRA retomando su sendero de baja de tasas nominales. Las subas de los últimos días se realizaron para frenar la locura y mi sensación es que las mismas hicieron techo la semana pasada y serán revertidas en breve. De esta forma, hace un año entero que la economía argentina viene padeciendo de una interminable fuente de malas noticias, ¿será el campo quien nos comience a cambiar la mala racha?

La economía deberá esperar hasta el 2020. Lamentablemente, la economía quedará rezagada a un plano de absoluta irrelevancia relativo a la guerra política que ya empezó entre el macrismo y el peronismo, se están disputando nada más y nada menos que la caja de los próximos cuatro años. Nadie está interesado en hacer lo correcto sino en ganar, de manera tal que todo análisis que intente pronosticar la evolución de variables económicas hacia noviembre deberá hacerlo pensando todo el tiempo en un componente político ineludible. No son tiempos de análisis racionales ni ortodoxos, a Peronia le está saliendo su pus más denso y oscuro.

En este entorno, parecería que el Presidente Macri y equipo están empecinados en pisar al dólar no por caprichosos sino porque entienden que la imagen del Presidente se correlaciona positivamente con la calma del billete. Como siempre, las consecuencias las pagará después la economía, ¿pero a quién le importa hacer algo bien en economía de caras a una de las elecciones más ásperas que evidenciaremos los argentinos? En este contexto, el tipo de cambio dejó de ser una variable monetaria hasta noviembre 2019 al menos, para convertirse en un fusil altamente político. No digo que esto esté bien, de hecho está pésimamente mal, pero así es la realidad que vivimos. Todo sea por mantener el preciado valor de la lechuga y subir la imagen del oficialismo en las encuestas. Conociendo lo que se viene del otro bando, no los culpo, yo haría lo mismo.

¿Tipo de cambio fijo? El mundo entero intenta darnos una generosa mano pero aquí, el 50% intenta hundir al otro 50% a la luz de todos, tirándonos un nuevo tiro en el pie todos los días del año. Los argentinos hoy tenemos un sistema de tipo de cambio flotante dentro de un rango de bandas pero sin embargo, lo pensamos como si fuera fijo y nadie se toma el trabajo de analizar si un salto cambiario corresponde a la reacción de nuestra moneda respecto a shocks externos como bien fue el caso de la semana pasada.

Tenemos bandas de flotación pero parecería que el país entero con el Presidente de la Nación en primera fila quiere un dólar pegado a la banda inferior de flotación y cuando se mueve un poquito no más comienza una histeria nacional de la mano de un periodismo más concentrado en tirar bombas cotidianas que en informar. Por lo tanto, un dólar dormido, cueste lo que cueste y va a costarnos mucho, se ha convertido en el ancla política con la que Cambiemos intentará ganar las elecciones. 

¿Y después qué hacemos? Esto es Peronia, obviamente, una vez que conozcamos el personaje que esté al mando por los próximos cuatro años algo de economía habrá que hacer pero las diferencias entre una Argentina macrista y otra peronista de caras al 2020 son potencialmente tan enormes que por el momento sólo me preocuparé en imaginar la dinámica de este bendito terruño al que llamamos país hasta noviembre 2019, lo cual es todo un esfuerzo.

Política y nada más. Por lo tanto, en un país que lamentablemente será 100% político hasta noviembre 2019, todas las penurias de los argentinos deberán esperar al próximo gobierno que a su vez solo gobernará el primer año dado que en el segundo ya estará pensando en la próxima elección de medio término. De este forma, cada dos años perdemos uno entero en este circo de políticos inútiles y mentirosos que venimos subsidiando desde la eternidad. ¿Para la coyuntura local qué se puede esperar entonces de caras a la PASO de agosto? 

De la mano de lo que parece ser una formidable cosecha el campo, único agente eficiente de este país, comenzaremos a salir de la cruel recesión en la que estamos atrapados dejándonos un poco menos mal que hoy. De hecho, es muy posible que la economía real de la Argentina esté tocando piso en este preciso momento. Y quizá con un poco de suerte y al ritmo de un ajuste tarifario que comienza a culminar en el primer semestre, la inflación comience también a desacelerarse para cerrar una año horrendo pero un poco menos malo que el 2018. Con esto quiero dejar bien claro que la mediocridad asistida con cierto grado de estabilidad institucional será el mejor escenario que nos espera por los próximos cinco años al menos. 

¿Pero podemos estar peor que esto? Obviamente que sí, el caos siempre será un fantasma que nos estará golpeando la ventana por mucho años. Lo cierto es que de la mano de un dólar dormido se tranquiliza el riesgo país y por lo menos, la siempre atormentada psiquis de los argentinos descansa por un rato hasta que venga otro bombardeo para un año que será todo así de áspero e inservible. El 2019 será un año totalmente desperdiciado en materia económica. Votar cada dos años se ha convertido en una tragedia para una nación que alguna vez deberá comprender que el sacrificio que nos espera es infinito relativo a lo ya padecido hasta el momento, gane quien gane.

Todos unidos por la misma causa. De esta forma, todos los misiles del Banco Central, del Tesoro, del Banco Nacion, del Anses y de cualquier otro ente estatal que contribuya a la causa, estarán apuntando a dormir a un dólar que por decisión presidencial se quiere tener bien calmo hasta noviembre. Obviamente que hay mil argumentos económicos para criticar la decisión pero cualquiera de ellos se torna en absolutamente irrelevante hasta fines de año, fecha de la última elección para un año en donde los argentinos votaremos unas mil veces, absolutamente ridículo e innecesario, pero eso somos, un aparato productivo entero destinado a mantener a la elite intelectual de Peronia: los políticos de todos los bandos porque para gastarse la nuestra siempre van unidos.

Ojo con otro shock externo. La semana pasada demostró lo tremendamente vulnerable que es la Argentina a shocks internacionales. Bastó un anuncio del Banco Central europeo para generar debilidad del euro, fortaleza del dólar y devaluación generalizada en todas las monedas de emergentes pero con Argentina mostrando una voluptuosa sensibilidad relativa.

En este entorno, un estornudo desde Europa puso otra vez en alerta al mercado cambiario local y le costó al BCRA una formidable suba de tasa, un renegociación con el FMI y aquí estamos, parecería que nuevamente hemos domado por un rato más a la bestia. En esta coyuntura resultará clave que el entorno monetario internacional se mantenga como hasta ahora y ese parecería ser el caso para el primer semestre del 2019.

La Reserva Federal de USA y el Banco Central Europeo ambos, con tasas muy planchadas tanto en la parte corta como en larga de sus respectivas curvas, están dando un formidable oxígeno a todos los mercados emergentes tanto de acciones como de monedas y bonos. En ausencia de un shock internacional parecería que esta Peronia electoral que deberemos tolerar podrá más o menos soportar la volatilidad cambiaria pisando la lechuga hasta que se termine este eterna, costosísima e inservible maratón electoral.

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