Del control a la sustentabilidad: cómo evolucionó el uso de fitosanitarios en la agricultura argentina

La incorporación de nuevas tecnologías, el Manejo Integrado de Malezas y formulaciones cada vez más seguras marcan un cambio de paradigma en el uso de fitosanitarios, con una producción agrícola más eficiente, responsable y basada en evidencia científica.

La agricultura argentina atravesó una transformación profunda en las últimas décadas, impulsada por la adopción de la siembra directa y la incorporación de cultivos tolerantes a herbicidas. Este cambio no sólo permitió optimizar el control de malezas y reducir los laboreos, sino que también redefinió el manejo agronómico, promoviendo la conservación del suelo y una mayor eficiencia productiva. Con el paso del tiempo, el perfil y la intensidad de uso de fitosanitarios evolucionaron, acompañando un sistema cada vez más tecnificado y exigente.

En este nuevo escenario, la aparición de malezas resistentes y tolerantes se convirtió en uno de los principales desafíos del sector. Según datos de la Red de Malezas de Aapresid (REM), más de 25,8 millones de hectáreas están afectadas por estos biotipos, lo que obliga a adoptar estrategias más integrales. Desde CASAFE, el Manejo Integrado de Malezas (MIM) se posiciona como eje central, combinando rotación de modos de acción, planificación agronómica, cultivos de servicio y tecnologías de aplicación más precisas, priorizando siempre decisiones basadas en la ciencia.

La innovación también se refleja en la mejora de formulaciones y en la reducción del perfil toxicológico de los productos. Actualmente, 2,5 de cada 4 fitosanitarios utilizados corresponden a la banda verde, categoría de menor toxicidad según SENASA, resultado del desarrollo de coformulantes más seguros y de moléculas más específicas. A esto se suma el avance de soluciones biológicas que complementan el control químico y ganan participación en un mercado que crece a doble dígito, integrándose plenamente a los esquemas de manejo integrado.

Estos avances solo generan impacto real cuando se acompañan de buenas prácticas, capacitación y una adecuada gestión ambiental. En ese sentido, CASAFE impulsa iniciativas como Depósito OK, la gestión responsable de envases vacíos junto a Campo Limpio y una activa articulación público-privada. De cara al futuro, el sector apunta a consolidar una agricultura que combine productividad, innovación y responsabilidad ambiental, entendiendo la sostenibilidad como un proceso de mejora continua que garantice alimentos seguros y un desarrollo sustentable a largo plazo.

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