En la ciudad que revolucionó el fútbol con la invención de la pelota sin tiento, todavía hay empresas que mantienen viva una tradición productiva única. Una de ellas es Mariskal Sport, una fábrica familiar que ya transita su segunda generación y continúa elaborando pelotas de manera artesanal desde Bell Ville para todo el país.
La historia se remonta a mediados de los años 80, cuando Luis Rey comenzó a fabricar pelotas junto a un socio. En 1995 decidió independizarse y fundó Mariskal Sport en el espacio donde la empresa funciona actualmente.
“Mi viejo arrancó con este emprendimiento. En el año 95 se separa de su socio y comienza Mariskal Sport. Hoy seguimos adelante como segunda generación, junto a mi hermano Matías, mi mamá y Mariano un colaborador amigo que está con nosotros desde siempre”, cuenta Cristian Rey, actual responsable de la empresa.
En cuanto a la fabricación, es 100% artesanal. Cada pelota se construye panel por panel, cosiendo manualmente los cascos que le dan forma. Aunque los materiales evolucionaron y las pelotas pasaron de 12 a 32 paneles, la esencia del trabajo continúa intacta.
Actualmente la empresa fabrica distintos modelos destinados a clubes, ligas, empresas y comercios. Entre ellos se destacan las tradicionales pelotas de cuero, históricamente utilizadas en canchas de tierra, y las de poliuretano, un material que se adaptó al crecimiento de las superficies sintéticas.
Calidad, reparación y durabilidad como diferencial
La apertura de las importaciones cambió las reglas de juego para la industria local de pelotas. Sin embargo, en Mariskal Sport aseguran que su estrategia no pasa por intentar igualar los precios de los productos que llegan desde el exterior, sino por poner en valor aquello que los diferencia.
“La situación más difícil para nosotros fue cuando se liberaron las importaciones. Las pelotas importadas entran con precios tan bajos que nosotros no podemos competir”, reconoce Cristian Rey.
Ante ese escenario, la empresa decidió profundizar una propuesta basada en la calidad, la resistencia y la posibilidad de reparación de sus productos. A diferencia de muchas pelotas importadas de bajo costo, que suelen desecharse cuando sufren algún daño, las fabricadas artesanalmente en Bell Ville están pensadas para extender su vida útil.
“Si una pelota nuestra se pincha o se rompe, tiene arreglo. Podemos cambiar la cámara, reparar el casco y volver a ponerla en condiciones. Esa es una gran diferencia”, explica Rey.
Las pelotas de Mariskal Sport son cosidas a mano, utilizan componentes nacionales —incluidas cámaras fabricadas en Bell Ville— y permiten reemplazar piezas en caso de desgaste o rotura. Esa característica no solo mejora su durabilidad, sino que también representa una alternativa más sustentable y económica a largo plazo para clubes, ligas y usuarios habituales.
Para Rey, el verdadero desafío es transmitir ese valor agregado en un mercado donde muchas veces el precio inicial se impone sobre otros atributos. “La estrategia es ofrecer una pelota durable, resistente y reparable. Al estar cosidas a mano aguantan muchísimo”, resume.
Con esa premisa, la empresa busca sostener su lugar en el mercado apostando a un producto que combina tradición artesanal, calidad de fabricación y una vida útil superior a la de muchas alternativas importadas.
Comercialización
La comercialización se realiza a través de dos viajantes que recorren el país abasteciendo a clubes, ligas deportivas y comercios especializados.
Al mismo tiempo, la empresa desarrolla ventas minoristas y mayoristas desde su fábrica y a través de canales digitales.
Entre sus clientes también aparecen empresas que eligen productos personalizados para acciones institucionales y promocionales (merchandising).
“Estamos trabajando para empresas como Mastil y Pampero, que decidieron apostar por pelotas nacionales. Para nosotros es muy importante ese acompañamiento”, destaca Rey.
Mirando hacia adelante
Pese al contexto desafiante, la empresa mantiene expectativas de crecimiento.
El objetivo es ampliar su capacidad operativa, sumar espacio y seguir desarrollando nuevos canales comerciales que permitan fortalecer la producción local.
“Nos gustaría agrandarnos, tener más espacio y más nichos de venta. Hoy somos una empresa familiar y queremos seguir creciendo para estar más cómodos y generar más trabajo”, concluye.
En una ciudad donde la pelota forma parte de la identidad productiva, Mariskal Sport representa una de las expresiones más vigentes de esa tradición: una industria que sigue cosiendo, panel por panel, una historia que Bell Ville conoce mejor que nadie.
Tu opinión enriquece este artículo: