El Walkman ya no será parte de nuestras vidas

(Por Eduardo M. Aguirre - @eduaguirre) Sony anunció que deja de fabricar el Walkman, no el reproductor de MP3 que lleva ese nombre, el verdadero, el original, el que nos enseñó a escuchar música solos, aún en medio de una multitud, el reproductor de cassettes -y sintonizador de radio-, el que nos hizo utilizar una lapicera para rebobinar sin que se gasten las pilas, ese Walkman.

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Hace 27 años que murió mi abuela, pero recuerdo con religiosa exactitud los dos cuentos con los que me despedía antes de dormir cuando me quedaba en su casa. Uno enseñaba a valorar lo que se tenía mediante la historia de dos perros manto negro, el otro hablaba de tener criterio propio y sentido común valiéndose de tres personajes: un hombre, su hijo y un burro.

Del mismo modo quienes nos vinculamos con la tecnología, tenemos grabado a fuego en nuestra memoria la historia del presidente de Sony reunido con los ingenieros de su departamento de desarrollo –a mediados de los 70- y diciéndoles “quiero salir a correr escuchando música”. Así fue que nació el Walkman de Sony -según nos contaron los profes de la escuela técnica-, que llegó efectivamente al mercado en julio de 1979. Con la capacidad de reproducir cassettes (de cinta chicos, por si no los conocen a la izquierda les adjunto una foto) y sintonizar radio AM y FM. En sus “pequeños” auriculares (enormes comparados con los que hoy ves) Charly nos susurraba que “los amigos del barrio pueden desaparecer”, Pink Floyd preguntaba “madre ¿crees que ellos arrojarán la bomba?”, The Police nos enviaba “mensajes en una botella” y Miguel Abuelo confiaba en que “ya nada hay que nada prohíba, ya te veo andar en libertad”. Desde el momento en el cual tenías un Walkman, el play list era la cajita que contenía los 10 o 20 cassettes favoritos y que nos llevábamos de viaje. Fue el aparato que convirtió el escuchar música en una experiencia de introspección, en un acto de intimidad, en la sublimación de la soledad. Con el Walkman descubrimos que no era el fútbol el que nos dejaba mancos, sino la radiecito portátil que debíamos sostener con una mano pegada al oído.

Ese bichito, al que me cuesta mencionar como aparato (porque nada que forme parte de tu vida de ese modo puede ser catalogado de esa manera) fue calificado por la propia Sony como el “producto del siglo” (del siglo XX claro), pero como sabrás finalizando el primer 10% del siglo XXI, el MP3 (y su hijo dilecto el iPod) nos hicieron las cosas mucho más fáciles en esto de hacer sonar música dentro de nuestras cabezas -a nosotros y sobre todo a las nuevas generaciones-. De modo que el gigante japonés anunció que la partida que acaba de salir de su fábrica fue la última que distribuirá, al menos en Japón, ya que durante un tiempo más seguirá enviando algunos a mercados donde aún conservan alguna demanda, en partes de Asia y Medio Oriente. Para satisfacerlos tercerizará su fabricación en una empresa china.

Ese mísero comunicado de prensa con el cual la japonesa anunció su fin, suena a una despedida tenue en su casa para un producto que ha vendido cerca de 220 millones de unidades durante su vida útil y colocó a Sony en el mapa mundial como un innovador. Incluso el término Walkman se hizo tan popular que fue adaptado con naturalidad al vocabulario en español para definir al reproductor portátil, cualquiera fuera su marca y procedencia. Pero la marca no muere, porque Sony ha creado reproductores portátiles de CD y de mp3, además de teléfonos móviles, que mantienen la denominación Walkman, claro que para quienes usamos aquél, éstos son y serán otra cosa. Un celular jamás será un Walkman por más que le haya robado su nombre.

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