Alberto Rufino, “el mago” de las cementeras, encontró la fórmula para reducir un 50% las emisiones de CO2 en la industria (y la patentó)

(Por Soledad Huespe) Si bien la patente está fechada el 12 de enero de 2022, el ingeniero Alberto Rufino recibió la noticia la semana pasada. Es, para la industria cementera, como haber encontrado la fórmula de la Coca-Cola. ¿Por qué? Porque a través de un catalizador (un reactor catalítico) desarrollado por él, los gases contaminantes de CO2 pueden reciclarse, convertirse nuevamente en energía y, de esta manera, reducir el impacto ambiental hasta un 50%.

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Un horno cementero emite, por hora, lo que emiten entre 100.000 y 200.000 autos (solo en una hora, valga la insistencia). La industria cementera es la que más CO2 emite en el mundo. Y quien le puso cabeza a este tema para solucionarlo es, ni más ni menos, que el ingeniero sanjuanino residente en Córdoba, Alberto Rufino, un ex Minetti y Loma Negra de renombre mundial, apodado, por sus colegas, como “el Mago” de las cementeras.
 


“Hace como 20 años que me inquieta el tema”, dice Rufino en diálogo con InfoNegocios.  Empezó a interesarse cuando trabajaba para los jugadores más grandes del mundo. “Empecé a estudiar cada vez más y más, y a analizar métodos físico químicos para lograr alguna combinación que lograra el efecto que estaba buscando. Esto lleva mucho estudio”. Pasaron varios años y la idea llegó un día a su laboratorio. Allí empezó a “jugar” y a obtener algunos resultados interesantes, pero recién en 2017 logró concluir los estudios y volcarlos en un intento de patente inventiva que fue presentada al Inti y al Ente regulador de patentes en Argentina.  “Después de una larga tarea de más de 4 años con los ingenieros que analizan y aprueban patentes, a principios de este 2022 salió”, enuncia.

De qué se trata “la fórmula”
Se trata de disminuir el consumo calórico (las emisiones de CO2) entre un 30 y un 50% en los hornos de cemento de la industria cementera a través del reciclado de los gases de combustión. Al reciclarlos, antes de salir a la atmósfera, se pasan a un reactor catalítico en el cual se transforman nuevamente en compuestos que son combustibles. 

Dicho en palabras simples: en el horno el combustible normal de una cementera (que utiliza gas natural o fuel oil) se generan gases de combustión que son ricos en CO2 (que es el principal contaminante). El invento del ingeniero Alberto Rufino lo que hace es tomar esos gases contaminantes antes de salir y enviarlos a un reactor catalítico que los recicla para convertirlos en nuevo combustible.

Lo que sigue
Con esta patente en la mano, Rufino podrá empezar a trabajar en las industrias cementeras del mundo para “anexar” a sus hornos cementeros, este reactor catalítico que permitirá reciclar los gases contaminantes. Para ello necesitará un par de años más e inversión.
 


Mientras tanto, la moneda ya está en el aire. Y se ve una luz al final del camino de una de las industrias más “sucias” del mundo para lograr contribuir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y, en definitiva, con la sostenibilidad mundial.

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