Schiaretti “bailó” cómodo en su reelección: ni isla, ni cordobesismo (ni sólo Estado, ni sólo mercado)

(Por Íñigo Biain) Con muchos menos votos de los que Schiaretti sacó ayer, otros gobernadores de provincias más chicas podrían sentir derecho a una proyección nacional. Pero el “Gringo” prefirió ayer definirse como una “circunstancia” de la historia, renegó de la mirada de Córdoba como una isla y hasta del “cordobesismo” para inscribirnos como una provincia más del concierto nacional.

Foto: Cadena 3
Foto: Cadena 3

Fue una goleada. Con baile y todo. El 55% de votos con los que Schiaretti logró su re-reelección ayer lo animó incluso a ensayar unos pasos de cuarteto al son del “Soy Cordobés” de Rodrigo Bueno.

Schiaretti podría haber montado anoche una foto con Lavagna, Pichetto, Urtubey y hasta Massa para instalar su contundente triunfo de cara a las primarias de agosto y las presidenciales de octubre. Pero no: circunscribió la elección a una decisión local y volvió a insistir en que -en estos temas locales- “los de afuera son de palo”.

Si bien un triunfo provincial de Juntos por Córdoba se descontaba en todas las encuestas, la magnitud de los votos y la diferencia con los candidatos (divividos) de Cambiemos fue tan abrumadora que va a reconfigurar -como él mismo dijo- la carrera política de Ramón Mestre.

Tampoco quedan bien parados Mario Negri y Luis Juez: Cambiemos tendrá ahora mucho trabajo para pensar cómo hacer el armado que acompañe la candidatura de Macri en las elecciones nacionales.

Llaryora ganó casi desde el vestuario

Si nadie dudaba que Schiaretti repetiría gestión, la elección en la ciudad tenía cierta expectativa previa que quedó deshecha apenas salieron los primeros boca de urna.

Aún cuando Llaryora perdió 12 puntos con Schiaretti en el Departamento Capital, la división entre Juez y De Loredo permitió al “Peronismo” (ahora ampliado en su alianza) poner un dirigente al frente del Palacio 6 de Julio, cosa que no pasaba desde 1973.

El 37% de Llaryora fue casi el mismo caudal que obtuvo la sumatoria de Juez y De Loredo, un ejercicio de “política ficción” permitiría pensar que unidos (y quizás en elecciones desdobladas con la provincial), Cambiemos podría haber retenido la segunda ciudad del país.

Además de mantener al “Gringo” otros cuatro años en el Panal, el armado de listas de ayer le permitió al peronismo local dejar bien posicionados a dirigentes más jóvenes y de recambio: Manuel Calvo (como vicegobernador) es el caso más notorio, pero también la fórmula Llaryora-Passerini genera un buen “semillero” para la provincia y la ciudad en 2023, sin contar otras figuras como Facundo Torres y otros intendentes relevantes del interior.

En la UCR y Cambiemos todo será desconcierto y reproches con una parada difícil en breve: la Convención Nacional radical que deberá validar su pertenencia a la alianza, y donde la catástrofe electoral de Córdoba estará bien presente.

Próximo a cumplir 70 años, Schiaretti tendrá el desafío de una gestión que no se “achanche” en tantos años de continuidad: el fantasma del tercer mandado de Angeloz (que terminó con la caída del caudillo radical), debería ser un faro que ilumine los riesgos de tantos años en el poder.

En la ciudad, el desafío de Llaryora será revertir años de gestiones mediocres y malas y permitirá saber si gestionar la segunda ciudad del país es más bien un “salvavidas de plomo” al viejo trampolín que catapultaba a sus intendentes a la gobernación.

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