La bolsa estadounidense aún no confirmó el fin de la crisis (por Rubén Ullúa).

 Finalizó la “tormenta” de octubre y no queda más alternativa que salir del refugio. La primera impresión que nos llevamos es de caos: las utilidades logradas los últimos años parecen haberse erosionado casi en su totalidad y activos que tanto hemos cuidado, ya que nos daban una base sustentable de nuestro negocio, realmente se ven dañados.
Son varias las preguntas que se hacen los inversores en estas instancias, sin embargo, en un común denominador surgen inquietudes tales como: ¿Y ahora qué hacer? ¿Realmente lo peor habrá pasado? ¿Cómo darme cuenta si es conveniente arrancar nuevamente con los saldos recogidos ó si es mejor salirme del “negocio”?
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Está claro que todos estos cuestionamientos no son fáciles de responder, principalmente porque cada situación puede ser particular, sin embargo en estas instancias siempre es bueno tomarse un tiempo y reflexionar.
Si nos valemos de lo que escuchamos y leemos en los medios de prensa, resulta ser que el futuro inmediato no es tan prometedor: “el servicio meteorológico” indica que si bien el grueso de la tormenta pudo haber pasado, el frente aún es negro (se habla de una profunda recesión a nivel mundial) y no sea cosa que…
Sin embargo, en los últimos días el cielo limpió bastante y ello otorga cierto grado de esperanza. Resulta ser que la semana pasada se confirmó la llegada de “un viento norte” a partir de rnero del 2009, llamado Obama, que podría traer ciertas características que ayuden al menos a alivianar el mal transe y propongan un nuevo escenario climático hacia delante, a partir de donde el inversor pueda tener mayor claridad en la toma de decisión.
Pero claro, la pregunta que surge de inmediato es: ¿y mientras tanto?... En este sentido lo que no debemos olvidar es un concepto básico de los mercados y es que éstos son anticipadores y se mueven por su propia naturaleza, por lo cual si en verdad lo peor ha pasado, será el mismo mercado el que nos otorgará los primeros rayos de sol.

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