La Cumbre una empresa familiar de triple impacto que elabora alimentos saludables y genera empleo genuino

La Cumbre es una empresa familiar rosarina nacida en 1982 con la vocación de producir alimentos de calidad, generar empleo y construir relaciones comerciales de confianza con sus clientes.

Durante más de cuatro décadas creciendo y diversificando sus productos, incorporando tecnología y desarrollando mercados nacionales e internacionales. “Pero también fuimos evolucionando en nuestra manera de entender el rol que tenemos como empresa en la sociedad. Comprendimos que nuestra responsabilidad no termina en elaborar y comercializar alimentos, sino que también comprende el impacto que generamos en las personas, en el ambiente y en las comunidades con las que nos vinculamos”, reflexiona Virginia Alabarce, directora de Recursos Humanos y Sostenibilidad del Establecimiento La Cumbre.

A partir de esa convicción iniciaron un proceso de transformación para integrar la sostenibilidad a su estrategia de negocios. Su modelo de negocios de triple impacto busca generar valor económico, social y ambiental de manera integrada, entendiendo que estas tres dimensiones deben complementarse para garantizar la sostenibilidad de la empresa en el largo plazo.  

“Esto significa que buscamos ser una empresa rentable y competitiva, pero también generar oportunidades de desarrollo para nuestros colaboradores, contribuir a la seguridad alimentaria, gestionar responsablemente los recursos y promover relaciones sostenibles con nuestra cadena de valor”, detalla Virginia.

Este año significó un hito para todo el equipo porque alcanzaron la Certificación B, que representa un reconocimiento muy importante a ese recorrido. “La Cumbre no nació siendo una Empresa B. Somos una empresa tradicional que decidió evolucionar hacia una nueva forma de hacer negocios, sin perder los valores que le dieron origen”, destaca. En su proceso entendieron que la sostenibilidad no es algo que hacen además de nuestro negocio, sino una manera de gestionarlo.

En 2024 definieron su primera Estrategia de Impacto, estructurada sobre tres pilares: producción sustentable; seguridad alimentaria e inclusión social; y bienestar laboral y gestión de impacto. Hoy a la luz de los resultados destacan en producción sustentable haber avanzado en la transición energética mediante la instalación de un parque solar, con capacidad de generación equivalente a hasta el 50% de nuestro consumo eléctrico.

“Además, formamos parte del Programa de Prosumidores de la provincia de de Santa Fe, con lo cual todo lo que el sistema genera en exceso lo inyectamos a la red local, contribuyendo al abastecimiento de energía renovable a la localidad de Alvear donde tenemos instaladas una de nuestras plantas productivas”, señala con orgullo.

También comenzaron a desarrollar iniciativas de economía circular, trabajando junto con cooperativas para recuperar y valorizar residuos de sus procesos productivos y extender su ciclo de vida, al ser utilizados como insumos de nuevos procesos productivos. “Asimismo, instalamos caudalímetros en nuestros procesos productivos para hacer un uso eficiente y medido del agua que consumimos y estamos analizando la factibilidad técnica de modificar nuestro abastecimiento de insumos que hoy recibimos en bolsas de 25 kg por abastecimiento a granel, lo cual favorecería la disminución de la generación de residuos en origen”, detalla.

En seguridad alimentaria, continúan fortaleciendo sus estándares de calidad e inocuidad, manteniendo nuestras cuatro plantas productivas certificadas bajo FSSC 22000. También profundizaron el desarrollo de productos con perfiles nutricionales diferenciados, y premezclas sin gluten, fomentando una alimentación más inclusiva.

Y en materia de inclusión social, promovieron alianzas con organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas y organismos públicos para desarrollar iniciativas de formación, empleabilidad e inclusión laboral. Trabajaron junto a Fundación Empujar acompañando la formación de jóvenes entre 18 y 24 años en situación de vulnerabilidad para que tengan mayores herramientas y mejor formación para su inserción en el mercado laboral formal, brindando clases de Educación Financiera, participando en simulacros de entrevistas y acompañándolos en un proceso de Mentorías, como así también desarrollamos Talleres de empleabilidad para mujeres mayores a 35 años que por distintos motivos tuvieron que apartarse del mercado laboral y hoy buscan reinsertarse . Y también trabajaron colaborativamente con ONGs aliadas, con las cuales profundizaron su Plan de Donaciones, a través de programas de desayunos solidarios y abastecimiento de productos a poblaciones vulnerables.

Este año además de certificar B adhirieron al Pacto Global de Naciones Unidas, reafirmando nuestro compromiso con una gestión empresarial responsable. “Creo que el mayor logro de estos años fue comenzar a transformar nuestra cultura organizacional, incorporando progresivamente criterios ambientales, sociales y de gobernanza en nuestras decisiones”, reconoce Virginia.

En lo social, generaron empleo directo para más de 100 personas y promovemos su desarrollo personal y profesional.

También contribuimos a la seguridad alimentaria mediante la elaboración de productos con valor nutricional diferenciado y acompañamos iniciativas comunitarias vinculadas con la educación, la inclusión y la empleabilidad.

La incorporación de energías renovables, la valorización de residuos, la mejora en la gestión de recursos y la búsqueda de mayor eficiencia productiva son ejemplos concretos de ese camino.

En lo económico, generaron valor a través del empleo, el desarrollo de proveedores, la inversión productiva y la comercialización de nuestros alimentos tanto en Argentina como en mercados internacionales.

“Tenemos una cultura exportadora que forma parte de nuestra identidad empresarial desde hace más de 30 años. Para nosotros, exportar no significa solamente vender productos en otros países, sino también demostrar que la industria argentina puede competir internacionalmente con calidad, innovación y compromiso”, reflexiona.

En cuanto a los desafíos reconocen la necesidad de profundizar la transición ambiental. “Queremos continuar avanzando en el uso de energías renovables, y llegar al 2030 logrando abastecernos al 100% de energía limpia; seguir optimizando el consumo de agua y materiales, y fortalecer nuestros programas de economía circular”, finaliza. También la necesidad de incorporar innovación y transformación digital a sus procesos productivos. Y la necesidad de seguir desarrollando productos y mercados.  

“Trabajamos con empresas líderes de la industria alimentaria, desarrollamos productos para terceros, comercializamos nuestras propias marcas y contamos con una trayectoria exportadora de más de tres décadas, que nos permitió construir relaciones de confianza con clientes de distintos mercados internacionales. Hoy trabajamos con más de 240 clientes nacionales e internacionales”, agrega. También trabajan con organizaciones del tercer sector como la Fundación Empujar en programas de empleabilidad juvenil, con cooperativas para promover la economía circular y con distintas organizaciones e instituciones educativas para desarrollar iniciativas de formación e inclusión  con el Banco Alimentos de Rosario; Rosario Solidaria, Fundación Fahop, Padrinazgo de Escuela Abanderado Grandoli Nº 527; Fundación No me Olvides y Santa Mónica – Hockey inclusivo).

Tu opinión enriquece este artículo:

Con Messi en la mesa chica y US$ 4.5 M de inversión, El Club de la Milanesa estrena planta de 5.000 m2 para producir hasta 5 millones de unidades/mes

(Por Julieta Romanazzi) 20 años de trayectoria y más de 70 locales funcionando: estos son solo algunos números de la cadena está dando el salto más fuerte de su historia. Conversamos con Federico Salas, uno de los socios-fundadores, para repasar el camino desde la primera planta de 300 m2 hasta la entrada de Leo Messi como cuarto socio y la puesta en marcha de una fábrica modelo en Tigre.