“No somos buenos para hacer de todo” (el gran cartel que deberíamos escribir, según De la Sota)

Aunque era el cierre del Coloquio Industrial de la UIC, el discurso del gobernador De la Sota ayer en Sheraton obvio anuncios y referencias a ese sector, para concentrarse mayoritariamente en lo que considera el gran desafío: “la educación es el camino de la la solución para todos los problemas de Argentina”, dijo de arranque.
Para el gobernador lanzado como presidenciable a 2015, la Argentina debería definir a qué sectores dedicarse partiendo de la premisa “no somos buenos para hacer de todo”, una visión que llevó a Córdoba a apostar por el sector metalmecánico (maquinaria agrícola y automotriz), agroalimentario, TICs y turismo.
Después de varios párrafos dedicados a la necesidad de una apuesta profunda y de calidad a la educación, De la Sota se definió en favor de una alianza fuerte con Brasil y una relación comercial madura con EE.UU.
(Por qué DLS quiere que vuelva a haber cuadro de honor en las escuelas, aquí)

A contramano del discurso “igualitarista” que ganó buena parte de la pedagogía en los últimos años, De la Sota cree que el país debería rescatar el mérito y el esfuerzo.  “Hace un tiempo pregunté en una escuela por qué no había más cuadro de honor de alumnos y me dijeron que eso hace sentir mal a los niños que no están allí.  Yo creo debemos volver a premiar a los que se esfuerzan y destacan”, dijo el gobernador, resaltando las becas que obtienen los 2.500 estudiantes secundarios con mejores promedios de la provincia para estudiar carreras afines a los 4 sectores estratégicos definidos (metalmecánica, agroalimentos, turismo y TICs).

Tu opinión enriquece este artículo:

Para el Día de los Enamorados seguro regalas un Bon o Bon, pero ¿sabés cómo nació el producto estrella de Arcor?

(Por Jazmín Sanchez) Bon o Bon fue pensado como una respuesta industrial a un bombón ya consolidado en Brasil: Serenata de Amor. Inspirado en ese formato, pero adaptado a la escala, las materias primas y la lógica productiva argentina. El Bon o Bon logró multiplicar variantes, bajar costos y convertirse en un ícono regional que hoy compite de igual a igual —y a menor precio— en la góndola brasileña.