La historia de Valentina tiene un origen poco convencional. La marca no nació de una película o serie para después vender productos, sino al revés: surgió en 2002 de la mano de la familia Szejer, dueña de Industrias Para Mí, cuando la devaluación volvió imposible seguir pagando en dólares las licencias de personajes animados. La solución fue crear uno propio. Así apareció Valentina: primero en tapas de cuadernos y carpetas, después en agendas, bijouterie e indumentaria, y finalmente en una película animada estrenada en 2008.
Con una película, un disco y un álbum de figuritas, conquistó a miles de niñas argentinas y se instaló como una marca de cercanía y pertenencia. Luego, silencio comercial. Años sin presencia en góndolas, aunque sin desaparecer del recuerdo de quienes crecieron con ella.
El negocio de la nostalgia
La oportunidad llegó por conversaciones con los titulares originales de la marca, afirma Natalia Tagliacozzo . "La idea nació a partir del enorme cariño que la gente siguió demostrando en redes. Aunque la marca estuvo apagada comercialmente, nunca dejó de estar en el corazón de toda una generación" agrega.
Antes incluso del relanzamiento, las redes sociales de las socias comenzaron a llenarse de mensajes, fotos, recuerdos y consultas. "Recibimos mensajes todos los días de personas contando historias muy personales: agendas guardadas desde la infancia, cartas entre amigas, productos que todavía conservan", agrega.
El resultado fue un doble público: niñas de entre 5 y 12 años que descubren la marca por primera vez, y mujeres jóvenes que crecieron con ella y hoy vuelven a conectarse emocionalmente, incluso mujeres que hoy son mamás y pueden compartir con sus hijas los mismos productos de su infancia.
Más de 100 productos y un esquema de socias
El modelo de negocio se gestiona desde Blue Elephant SRL, la sociedad que las tres socias crearon para el proyecto. El esquema es de licenciatarios especializados por categoría: Footy desarrolla calzado, Inkdrop trabaja en stationery y juegos, Editorial Aladino produce contenidos editoriales y coleccionables, y Grafikart acompaña el desarrollo de papelería.
Las categorías que más tracción generan son papelería, marroquinería y álbumes coleccionables.
En la tienda online oficial hoy se pueden encontrar mates, tazas, mantas, sábanas, productos de baño y stickers. Desde julio y hasta octubre, el catálogo se irá expandiendo de forma paulatina con nuevas categorías que se van a sumar mes a mes.
"Coordinamos la estrategia general, el posicionamiento y la coherencia de marca para asegurar que cada producto respete la identidad de Valentina", explica Tagliacozzo.
La distribución combina tienda online oficial, librerías, jugueterías, cadenas de retail y distribuidores. El objetivo declarado no es una cifra de facturación sino una posición: volver a ser una de las licencias infantiles más importantes de la Argentina.
La marca que no para
La estrategia contempla productos físicos, experiencias y licencias, así como la expansión hacia contenidos digitales. Trabajan en experiencias presenciales, eventos temáticos y nuevos formatos para acercar a Valentina al público actual.
El horizonte apunta primero a una presencia federal en todo el país. Después, otros mercados de Latinoamérica. "Creemos que la historia, los valores y el mensaje de Valentina tienen potencial para trascender fronteras", cierra Tagliacozzo.
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